CREANDO ESPACIOS
“La construcción de nidos de aves: Repercusiones del antropocentrismo androcéntrico, mercantilización, deshumanización y cambio climático”.
Por: Ana Silvia Figueroa-Duarte

Collage nido con pájaro. Técnica: Acuarela, fibras y papel impreso. Ana Silvia, 2019.
Foto de Archivo: Boletín Contactando.
Introducción
Al continuar con la exploración sobre el estudio de las aves, en este caso los nidos construidos por estas, nos encontramos que es menos estudiado comparado con otros temas como el canto, los rituales de apareamiento de los machos, su plumaje, su sistema de reproducción, comportamiento, migración, etc.; lo anterior, con un notable enfoque androcéntrico, que privilegia al macho sobre la hembra.
El androcentrismo (derivado del griego andros, hombre, y centrismo) es una visión del mundo que sitúa al hombre y a la perspectiva masculina como el centro y la medida de todas las cosas. En este modelo, lo masculino se toma como la norma universal para toda la humanidad, invisibilizando o subordinando las realidades y aportaciones de las mujeres.
Uno de los sesgos más profundos y persistentes en la biología es precisamente el androcentrismo, la mayoría de los estudios en animales, en este caso aves, se realizan con machos. Incluso cuando se buscan casos individuales, la ciencia ha arrastrado una inercia histórica de elegir casi siempre machos como representantes de la especie. Se le considera al macho como estándar `neutro´.
Esto no es casualidad; es el resultado de una estructura mental que ha favorecido y operado por siglos. Sin embargo, al estudiar solo machos, la ciencia acabó conociendo solo la mitad de la biología de cada especie. Lo que la hace menos técnica y más ideológica.
Durante siglos, la ornitología y la biología de campo fueron disciplinas dominadas por hombres occidentales que, de manera inconsciente o consciente, proyectaron los roles de género victorianos y patriarcales de la sociedad humana sobre la naturaleza.
Desde sus inicios, la ornitología moderna (siglos XIX y XX), los científicos tendían a ver el mundo a través del prisma de su propia cultura. Se asumía que el macho era el individuo activo, inteligente, dominante y “proveedor”. A la hembra se le asignaba un rol pasivo, sumiso y puramente receptivo. La construcción de nidos, al ser una tarea compleja que requiere habilidades de ingeniería, toma de decisiones y uso de herramientas, se le atribuía erróneamente al macho por considerarse una actividad de “alta ejecución”.
Podemos explicarnos entonces, porqué en los textos se omite o minimiza la participación de la hembra como principal constructora de los nidos para sus crías.
Sesgos y mitos en el estudio de las aves
Históricamente la forma en que se ha hecho ciencia facilitó la atención hacia los machos. En muchas especies, los machos son más coloridos, ruidosos y visibles para atraer parejas o defender sus territorios. Esto hacía que los varones los observaran, capturaran y describieran mucho más a ellos que a las hembras, las cuales suelen ser crípticas (utilizar colores discretos para camuflarse en el nido).
Tanto el sesgo de visibilidad en los machos, dado que muestran plumajes más llamativos o cantos más potentes (resultado de presiones evolutivas específicas); y el propio investigador, limitado por sus prejuicios y sus propios sentidos, tendió a fijarse en lo que más brilla o suena.
De esta manera, durante más de un siglo se repitió el mito de que solo los machos cantaban. Estudios recientes demostraron que las hembras cantan en la mayoría de las especies cantoras, un hecho ignorado por el sesgo de género en la ciencia; lo mismo ocurrió con la construcción de nidos.
En la literatura tradicional, cuando se reconoce que la hembra está en el nido, se suele limitar su función a la de un “recipiente pasivo” que aporta calor corporal (incubación). Se ha omitido que, en un porcentaje muy alto de especies de aves, es exclusivamente la hembra quien selecciona los materiales, diseña la estructura y teje el nido, mientras el macho vigila el territorio o transporta material de forma secundaria.
El mito de que el macho es el constructor principal se ha alimentado de especies muy específicas y llamativas que se usan como ejemplos universales en la educación, tales como: las aves tejedoras, donde el macho teje nidos complejos para cortejar a la hembra. Las aves de cenador, que construyen estructuras decoradas en el suelo. Utilizar estas notables excepciones como la norma general de las aves es una muestra de sesgo androcéntrico. En la gran mayoría de las especies (como las paseriformes comunes), la hembra lleva la carga principal de la arquitectura o la comparte equitativamente.

Tejedor vitelino (Ploceus velatus) una especie de ave de Botsuana, tejiendo su nido. Tomado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/09/110926_aves_aprendizaje

Grandes aves del paraíso (Chlamydera nuchalis) y su glorieta en forma de "avenida" en el lago Argyle, en Australia Occidental, Australia. Tomado de: https://www.britannica.com/topic/mat-bower
Este sesgo de género y el arraigado androcentrismo histórico en la literatura científica y de divulgación han invisibilizado o minimizado el rol de la hembra en la construcción de nidos y otros comportamientos de las aves. Así, se ha invisibilizado a las hembras considerándolas “variables de menor interés” o simplemente extensiones del proceso reproductivo. Esto llevó a la idea errónea de que las hembras eran “pasivas” cuando en realidad muchas veces tienen comportamientos más complejos de camuflaje, estrategias de forrajeo y presión social que son más difíciles de observar.

Garcita verde, recolectando ramas para hacer su nido, Lago de la Deportiva, Saltillo Coahuila. Foto: Francisco Esparza Tovar, de la Comunidad Mexicana de Fotógrafos de Naturaleza. Tomado de: https://www.facebook.com/groups/fotonaturamx/posts/10162451001482462/
No obstante, en textos de divulgación científica, encontramos incluso autoras femeninas que repiten términos androcéntricos para referirse a las hembras, tales como: “promiscuas”, “prostitutas”, “melindrosas”; por lo que se comprueba cómo el lenguaje androcéntrico está tan normalizado que incluso autoras contemporáneas y divulgadores especializados lo reproducen sin cuestionarlo.
La persistencia de estos términos cargados de juicios morales humanos para describir la biología de las hembras de las aves es el reflejo de la inercia en el uso del lenguaje científico heredado bajo la moral de los siglos XIX y XX. Las científicas y divulgadoras se han formado leyendo textos escritos bajo los mismos sesgos. Descolonizar el lenguaje requiere una deconstrucción activa y crítica que no siempre se prioriza si el objetivo principal es simplemente resumir los artículos publicados.
El lenguaje no solo describe la realidad, sino que la moldea. Mientras sigamos usando adjetivos calificativos humanos moralistas y misóginos para describir la ecología de las aves, seguiremos proyectando nuestras propias estructuras patriarcales sobre la naturaleza, justificando los sesgos sociales bajo la falsa premisa de que “así funciona el reino animal”.
Para evitar el sesgo de género se debe aplicar, lo que se ha llamado perspectiva de género en biología: Dejar de usar al macho como el modelo; que haya un muestreo equitativo. Dejar de asumir que el comportamiento de la hembra es una “respuesta” a la del macho; tiene sus propios objetivos ecológicos. Entender que el silencio o camuflaje de la hembra son estrategias tan activas y complejas como el canto o el plumaje vistoso del macho.
Contribuciones de cada sexo en la construcción de nidos de aves
A nivel científico global, la base de datos y la literatura macro-ecológica estiman que la identidad exacta del constructor del nido está bien documentada en aproximadamente el 20% al 25% de las más de 10,000 especies de aves del mundo. Dentro de este universo estudiado (principalmente centrado en aves paseriformes y de zonas templadas), se identifican los siguientes patrones generales de comportamiento en porcentajes científicos.
Hembras solas (Aprox. 65% – 70%): Es la estrategia mayoritaria en el mundo aviar. La hembra realiza de manera exclusiva todo el esfuerzo de recolección y manufactura estructural del nido. Este comportamiento predomina en especies con sistemas de apareamiento polígamos, pero también en muchísimas especies socialmente monógamas (como la mayoría de los páridos/carboneros y colibríes).
Ambos sexos (Macho y Hembra) (Aprox. 20% – 25%): Ocurre principalmente en especies estrictamente monógamas donde existe una alta inversión biparental. Aquí el trabajo suele dividirse en dos modalidades: Colaboración equitativa: Ambos transportan material y moldean la estructura (ej. el hornero o las palomas). División del trabajo: El macho se encarga principalmente de buscar, recolectar y transportar los materiales pesados (ramas, barro), mientras que la hembra se queda en el sitio dándole forma fina y revistiendo el interior con materiales suaves.
Machos solos (Aprox. 5% – 10%): Es la estrategia menos común a escala global. Se presenta principalmente en dos escenarios evolutivos muy específicos: Selección sexual por despliegue: Los machos construyen estructuras elaboradas (a veces múltiples nidos) exclusivamente para atraer a la hembra (ej. los pájaros tejedores de la familia Ploceidae o los chochines). Una vez que la hembra elige el nido y copula, ella suele encargarse sola del revestimiento interno o de la incubación.
Inversión de roles sexuales: En sistemas de poliandria clásica (menos del 1% de las aves, como los falaropos), la hembra defiende el territorio y el macho realiza todas las tareas parentales individuales, incluyendo el nido.
Principales funciones de los nidos
La función principal de los nidos es proporcionar un lugar seguro y adecuado para la incubación de los huevos y la crianza de los polluelos. Las aves construyen estas estructuras para cumplir con los siguientes propósitos fundamentales: Protección y camuflaje. Ayudan a ocultar los huevos y a los polluelos de los depredadores. El diseño y los materiales elegidos permiten que el nido se mimetice con el entorno (ramas, hojas o el suelo).
Control térmico: Los nidos actúan como aislantes. Mantienen el calor necesario para que los embriones se desarrollen y, una vez que nacen los polluelos, los protegen del frío, el viento o el exceso de sol.
Soporte y seguridad: Mantienen los huevos agrupados en un solo lugar y evitan que rueden o se caigan de las ramas, acantilados o huecos donde se han instalado.
Atracción sexual: En algunas especies, el nido funciona como una extensión de cortejo. Los machos construyen estructuras elaboradas para exhibirlas y atraer a una pareja.
Morfología de los nidos
La base de datos global Bird Nest Traits (2023), Publicada y disponible en PMC de la Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU., reúne los rasgos arquitectónicos y conductuales de miles de especies. Analiza cómo se correlaciona el sexo del constructor con la morfología del nido (los nidos construidos solo por hembras tienden a ser copas abiertas, mientras que los construidos por la pareja tienden a ser cerrados o en domo).
Lo anterior, coincide con el estudio realizado por Mark C Mainwaring y colaboradores, titulado Sex-specific contributions to nest building in birds, (Contribuciones específicas de cada sexo a la construcción de nidos en las aves) utilizando análisis comparativo filogenético multivariado y análisis de trayectorias de más de 500 especies del Paleártico occidental , encontraron que, contrariamente a lo que se había predicho, las especies en las que las hembras construyen nidos solas tienen temporadas de reproducción más cortas y se reproducen en latitudes más altas. Además, las especies en las que las hembras ponen nidadas más grandes e incuban los huevos solas tienen más probabilidades de tener nidos construidos abiertos en forma de copa en comparación con los nidos cerrados y abovedados de las especies en las que ambos padres lo construyen.
Por otra parte, en el estudio de selección sexual de Soler, Moller y Soler, en sus clásicos análisis comparativos (referenciados en portales como Oxford Academic), demostraron estadísticamente que los nidos construidos por ambos sexos conjuntamente son, en promedio, el doble de grandes y pesados que los nidos construidos únicamente por la hembra. Esto respalda la teoría de que la construcción mutua funciona como una señal física de la calidad de la pareja.
Por último, en las Monografías de Birds of the World (Cornell Lab of Ornithology), la guía de referencia enciclopédica Birds of the World (Aves del Mundo), documenta los porcentajes de participación por sexo en actividades como la incubación y la crianza. Confirma que la falta de datos detallados en gran parte de las especies tropicales se debe a la densa vegetación y topografía, lo que dificulta la observación directa en campo.
Clasificación de los nidos
Los ornitólogos clasifican los nidos de aves en distintas categorías según su complejidad estructural, los materiales de construcción y la ubicación. Dentro de los principales tipos de nidos se encuentran los siguientes:
Nidos de raspadura: La forma más simple de nido, que consiste en una depresión o hendidura poco profunda excavada en el suelo, la arena o la grava. Materiales utilizados: Tierra desnuda, a veces revestida mínimamente con pequeñas piedras, conchas o trozos de vegetación. Ejemplos: Chorlitos, chorlitos tildíos (Charadrius vociferus) y charranes.
Nidos de copa: La estructura de nido de aves más común. Presenta una cámara central profunda y cóncava diseñada para adaptarse al cuerpo del progenitor y contener los huevos de forma segura. Materiales utilizados: Ramitas, musgos, raicillas, telarañas (para darle elasticidad) y barro. Ejemplos: Petirrojos americanos, colibríes garganta rubí y golondrinas comunes.
Nidos en cavidades: Cámaras cerradas dentro de espacios naturales o excavados. Pueden ser cavidades primarias (excavadas por el ave) o secundarias (agujeros naturales o madrigueras abandonadas). Materiales: El hueco de un árbol, un tronco muerto, un cactus o una grieta en una roca. Los pájaros carpinteros también recubren el fondo con astillas de madera. Ejemplos: Pájaros carpinteros, golondrinas arborícolas y azulejos orientales.
Nidos colgantes: Estructuras alargadas, en forma de bolsa, suspendidas por sus bordes de las ramas exteriores de los árboles. Ofrecen un excelente camuflaje y defensa contra los depredadores trepadores. Materiales utilizados: Fibras vegetales densamente tejidas, hierbas largas, pelo y cordel. Ejemplos: Oropéndolas de Baltimore y oropéndolas de Altamira.
Nidos en plataforma: Estructuras grandes, planas o ligeramente cóncavas, generalmente ubicadas en la cima de árboles altos o salientes de acantilados. Suelen reutilizarse y ampliarse durante varias temporadas de cría. Materiales utilizados: Palos gruesos, ramas y restos vegetales resistentes. Ejemplos: Águilas calvas, águilas pescadoras y garzas azules.
Nidos en madriguera: Túneles excavados en el suelo, las riberas de los ríos o los acantilados costeros que terminan en una cámara de anidación oscura y protegida. Materiales utilizados: Tierra compactada, arena y, ocasionalmente, un revestimiento suave de plumas o hierba seca para la cámara. Ejemplos: Frailecillos atlánticos, golondrinas ribereñas y búhos excavadores.
Nidos de barro: Estructuras cerradas o abiertas construidas principalmente mezclando tierra con agua para crear una capa dura y resistente. Materiales utilizados: Bolitas de barro, arcilla y, a veces, saliva, reforzadas con hierba. Ejemplos: Golondrinas de acantilado y flamencos.
GALERÍA DE IMÁGENES DE NIDOS Y SUS INTEGRANTES

Un nido de águila calva puede alcanzar los 1,8 metros de diámetro, y la hembra es la principal responsable de su construcción. Foto tomada de: https://abcbirds.org/news/a-look-inside-the-nest-female-birds-and-parenting/

Nido de copa profundo del carricero tordal (Acrocephalus arundinaceus). Tomado de: https://www.photosimon.cz/cz/klicova-slova/rakosnik-velky-acrocephalus-2709.html

Hembra tejedora sakalava (Ploceus sakalava) construyendo un nido cerca de Morondava, Madagascar. Tomado de: https://www.madamagazine.com/en/gemeinsam-stark-die-sakalavaweber/

Nido en forma de cuenco de un zorzal alirrojo (Turdus iliacus). Con polluelos eclosionados. Tomado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Nido_de_aves

Nido escarbado recubierto con líquenes del pluvial dorado (Pluvialis dominica). Tomado de: https://www.inaturalist.org/taxa/4893-Pluvialis-dominica/browse_photos

Pitos negros (Dryocopus martius) juveniles en su nido en cavidad. Tomado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Nido_de_aves

El tejedor dorado taveta (Ploceus castaneiceps ) se encuentran entre las aves más hábiles constructoras de nidos . Esta especie, que habita en las sabanas del este de África, teje nidos en forma de pera con hierbas y los fija a ramas y zonas elevadas, lejos del suelo y del agua. Tomado de: https://blog.wcs.org/photo/2021/03/24/weave-it-or-leave-it/

Nido escarbado recubierto de conchas de un chorlito (Chadarius) Tomado de: https://natureworks.nhpbs.org/animals/piping-plover/

Colonia de anidación de oropéndola de Montezuma (Psarocolius montezuma) en tierras de cultivo cerca de Quesada, Costa Rica. Charles J. Sharp. Tomado de: https://en.wikipedia.org/wiki/Montezuma_oropendola#/media/ File:Montezuma's_oropendola.jpg

Nido de oropéndola de Altamira que habita en el extremo sur de Texas y Centroamérica, construye uno de los nidos colgantes más largos, que puede llegar a colgar a más de 60 centímetros de altura. Tomado de: https://www.birdsandblooms.com/birding/attracting-birds/bird-nesting/8-different-bird-nests-how-spot-them/

Nido de colibrí. Anne Hay. Tomado de: https://centerofthewest.org/2023/04/06/bird-nests-types-material-how-you-can-help/

Nido de chochín del cactus tiene un túnel que conduce al interior. Anne Hay. Tomado de: https://centerofthewest.org/2023/04/06/bird-nests-types-material-how-you-can-help/

Tortolita cola larga anidando con amor entre espinas. Foto: Aurelio González, de la Comunidad Mexicana de Fotógrafos de Naturaleza. Tomado de: https://www.facebook.com/groups/fotonaturamx/posts/10162451001482462/

Nido gigante de tejedor sociable en Namibia. Anne Hay. Tomado de: https://centerofthewest.org/2023/04/06/bird-nests-types-material-how-you-can-help/

Polluelos de golondrina común en un nido en forma de copa forrado de plumas. Anne Hay. Tomado de: https://centerofthewest.org/2023/04/06/bird-nests-types-material-how-you-can-help/

Los flamencos forman fuertes lazos de pareja, ponen un solo huevo que tarda 30 días en incubar. Tanto el macho como la hembra alimentan al polluelo con una leche especial que extraen del buche. Tomado de: https://paradisepark.org.uk/first-flamingo-egg-in-ten-years/
Nidología o caliología: el estudio de los nidos
El estudio de la ingeniería, el comportamiento, el aprendizaje y la neurobiología detrás de la construcción de nidos de aves (y no solo su uso o ecología) es un campo altamente especializado; históricamente fue considerado un acto puramente instintivo. No obstante, un grupo selecto de científicos ha demostrado que las aves aprenden, toman decisiones complejas, eligen materiales estratégicamente e innovan según su entorno.

Ilustración sobre caliología del estudio de nidos animales impresos en un diccionario de finales del siglo XIX. Tomado de: https://es.dreamstime.com/ilustraci%C3%B3n-sobre-la-caliolog%C3%ADa-del-estudio-de-los-nidos-animales-image375836663
Entre dichos científicos se encuentran: La Dra. Susan Healy en Reino Unido, de la Universidad de St. Andrews, Escocia, es considerada la máxima referente mundial en la cognición de la construcción de nidos. Su laboratorio ha derribado el mito de que los pájaros nacen sabiendo construir un nido perfecto por puro instinto. Ha demostrado experimentalmente (usando diamantes mandarines como modelo) que las aves aprenden de la experiencia, ajustan su técnica con la práctica y modifican el color de los materiales para camuflar sus nidos según el entorno.
La Dra. Lauren Guillete en Canadá, de la Universidad de Alberta, dirige el Animal Cognition Research Group. Se enfoca en cómo la construcción de nidos es una forma de cultura animal y aprendizaje social. Investiga cómo las aves eligen la flexibilidad o rigidez de las ramas, cómo asocian ciertos olores de plantas medicinales para repeler parásitos, y cómo el estrés o el éxito reproductivo previo altera sus decisiones arquitectónicas futuras.
El Dr. Mike Hansell, en Reino Unido, de la Universidad de Glasgow es el científico pionero que sentó las bases modernas de esta disciplina. Su libro fundamental, Bird Nests and Construction Behaviour, analiza los nidos desde la perspectiva de la física, la ingeniería estructural y la selección de materiales, comparando cómo diferentes familias de aves logran nudos, tejidos y uniones mecánicas perfectas solo con el pico.
Por otra parte, la Dra. Simone Meddle, de Reino Unido, en la Universidad de Edimburgo, se enfoca en la neurobiología de la construcción. Estudia qué pasa exactamente en el cerebro de un ave (hormonas, neurotransmisores y activación celular) en el momento en que pasa de buscar alimento a tener la motivación de recolectar ramas y tejer un nido.
Asimismo, la Dra. Iliana Medina, en Australia, de la Universidad de Melbourne, aborda la construcción de nidos desde una perspectiva macroevolutiva y comparada. Su equipo analiza bases de datos masivas, de morfología de nidos (estudiando cientos de especies a la vez) para responder cómo la arquitectura del nido ha evolucionado filogenéticamente en respuesta al cambio climático y la presión de depredación.
Efectos del calentamiento global en la construcción de nidos
Se tiene documentado que el cambio climático influye drásticamente en las técnicas de construcción de nidos, obligando a las aves a rediseñar sus hogares para regular la temperatura, resistir tormentas extremas y compensar la pérdida de materiales naturales. Al ser estructuras diseñadas con precisión milimétrica para proteger los huevos, cualquier variación en el termómetro o la humedad altera su efectividad.
Los laboratorios de nidología han identificado que esta influencia se manifiesta en cuatro cambios principales: Modificación del grosor y aislamiento térmico, las aves adaptan el grosor de las paredes del nido según la temperatura ambiente. Frente al calor extremo las aves que anidan en zonas que se han vuelto más cálidas y húmedas tienden a construir nidos con paredes más delgadas y materiales de alta conductividad térmica. Esto ayuda a ventilar el nido, evita que los huevos se sobrecalienten y permite que la estructura se seque más rápido tras lluvias torrenciales.
En contraste, si la primavera se adelanta, pero trae consigo frentes fríos repentinos, las aves se ven obligadas a tejer capas internas mucho más densas utilizando plumas y musgo para retener el calor corporal.
También, el calentamiento global altera los ciclos de la primavera, provocando que las plantas florezcan antes y los insectos emerjan antes. Esto genera un fenómeno llamado desajuste fenológico (o asincronía). Como las aves tienen que poner sus huevos mucho antes en la temporada para que coincidan con el alimento, se ven obligadas a construir a contrarreloj. Estudios en aves de latitudes altas muestran que el tiempo de construcción se ha tenido que comprimir drásticamente (pasando de tomarles una semana a solo 3 días en algunos casos) para no perder la ventana óptima de reproducción.
Las técnicas de micro-arquitectura incluyen dónde colocar el nido. Debido al aumento del estrés térmico, muchas especies están modificando la orientación de la entrada de sus nidos o la profundidad a la que los construyen dentro del follaje. Buscan activamente la sombra profunda de los árboles para bloquear los rayos directos del sol o cambian la altura en el dosel forestal para evitar que el viento excesivo destruya la estructura.
La sequía y la desertificación reducen la disponibilidad de materiales óptimos como ciertos tipos de lodo flexible, ramitas específicas o telas de araña utilizadas como pegamento natural. Para compensar esto, las aves demuestran su flexibilidad cognitiva usando materiales antropogénicos (plásticos, hilos, colillas de cigarrillos y alambres). Aunque muestra adaptabilidad, el uso de estos materiales altera el aislamiento térmico del nido y genera riesgos de enredo para los polluelos.
Las sequías severas e históricas en regiones como la selva amazónica, el Gran Chaco, los Andes y los pastizales pampeanos están obligando a las aves de América Latina a alterar radicalmente sus técnicas y estrategias de construcción. Las especies que dependen del barro húmedo, de vegetación corta o de ríos estables son las que están cambiando más rápido sus hábitos reproductivos.
Los casos más emblemáticos documentados por investigadores en la región incluyen: El hornero (Furnarius rufus) Argentina, Brasil y Uruguay. Es el caso más evidente de cambio técnico forzado. El hornero construye sus icónicos nidos en forma de horno combinando lodo, paja y saliva, los cuales se secan hasta volverse tan duros como el adobe.

Nido del hornero (Furnarius rufus). Tomado de: https://www.facebook.com/CienciaconCiencia20/posts/el-hornero-furnarius-rufus-es-un-ave-notable-por-su-habilidad-constructiva-el-ni/1209604674501340/
Al secarse completamente el suelo vegetal por la falta de lluvias, los horneros no encuentran lodo maleable. Se ha registrado que retrasan semanas enteras la construcción esperando una lluvia. Cuando la sequía es extrema, cambian drásticamente de material: incorporan estiércol fresco de ganado (que retiene humedad residual), lodo mezclado con raíces profundas o directamente desechos plásticos y cemento fresco de zonas urbanas para compactar las paredes.
El tero (Vanellus chilensis) Cono Sur. Esta emblemática ave de pastizal deposita sus huevos directamente en nidos rudimentarios sobre el suelo. Las sequías extremas provocan que la vegetación y los pastizales no crezcan a su ritmo normal o mueran. Sin embargo, cuando hay lluvias aisladas térmicas, el pasto crece de forma acelerada y los productores ganaderos cortan el suelo mecánicamente con más frecuencia. Científicos argentinos han detectado que están modificando la velocidad y la ubicación de sus nidos, eligiendo zonas de pasto anormalmente corto, compactando menos la base del nido y acelerando el tiempo de incubación antes de que la maquinaria destruya sus nidos terrestres.

Avefría tero / Southern lapwing (Vanellus chilensis), también conocido como tero común, tero sureño, alcaraván, tero-tero, queltehue, entre otros nombres. juansangiovanni. Tomado de: https://www.instagram.com/p/DNoob7MNByt/
El águila harpía (Harpía harpyja) Cuenca Amazónica y Venezuela. Esta gigantesca ave rapaz construye nidos masivos hechos de ramas gruesas en el dosel de los árboles más altos de la selva tropical. La sequía prolongada en el Amazonas y cuencas vecinas deshidrata el follaje y hace que los árboles pierdan hojas antes de tiempo. Investigadores que monitorean la especie han descubierto que la falta de humedad altera la disponibilidad de presas forestales, lo que está acelerando los tiempos dentro del nido. Las crías se ven forzadas a desarrollarse, ejercitar sus alas y abandonar la plataforma del nido mucho más rápido de lo habitual (un ciclo de desarrollo acelerado) para dispersarse hacia zonas menos secas.

Águila harpia (Harpia harpyja). Andres Vasquez Noboa, Sucumbíos, Ecuador. Tomado de: https://birdsoftheworld.org/bow/species/hareag1/cur/introduction?lang=es
Aves que anidan en cavidades (familias Furnariidae y Troglodytidae) de los bosques andinos. Aves pequeñas como los rayaditos o ciertos cucaracheros dependen de los árboles maduros y de la madera en descomposición para hacer sus nidos o usar agujeros existentes. Las sequías prolongadas matan árboles de pie, acelerando la aparición de "bosques muertos". Aunque los árboles muertos generan inicialmente más cavidades para anidar, la falta de humedad ambiental reseca los nidos por dentro. Las aves están respondiendo mediante técnicas de sobre-aislamiento, acarreando masivamente hojas verdes o materiales húmedos al fondo del tronco para evitar que el calor del sol deshidrate los huevos dentro de la madera seca.

Chochín común (Troglodytes aedon) entrando en la cavidad del nido. Donna L Long. Tomado de: https://donnallong.com/cavity-nesters-birds-that-use-holes-in-trees/
Uso de materiales antropogénicos en los nidos de aves
El uso de materiales antropogénicos (basura humana) en la fabricación de nidos es un fenómeno global que afecta a más de 170 especies de aves. Aunque inicialmente las aves los eligen porque son resistentes, flexibles o fáciles de encontrar, las consecuencias ecológicas y biológicas suelen ser altamente destructivas.

Aves con colillas de cigarros. Tomado de: https://heraldodemexico.com.mx/estilo-de-vida/2026/5/25/los-pajaros-urbanos-comenzaron-usar-colillas-de-cigarros-en-sus-nidos-la-ciencia-descubrio-por-que-818985.html
El impacto varía de forma drástica según el tipo de desecho utilizado: Las cuerdas plásticas, los hilos de pescar y las fibras de polipropileno son excelentes sustitutos de las raíces o ramas desde la perspectiva de amarre mecánico de un ave. Sin embargo, provocan tragedias físicas: los hilos sintéticos no se rompen con facilidad. Los polluelos atrapan sus patas o alas en estos lazos mientras crecen, provocando amputaciones necróticas o impidiéndoles saltar del nido (lo que los condena a morir de hambre).

Se ha descubierto que 176 especies de aves en todos los continentes, excepto la Antártida, Utilizan basura en sus nidos. Tomado de: https://www.weforum.org/stories/2023/07/while-birds-are-using-trash-to-build-nests-heres-how-it-will-effect-them/
A diferencia del musgo o las ramas, el plástico no es poroso. Si el clima se vuelve muy cálido, el plástico atrapa el calor y genera un efecto invernadero que literalmente sobrecalienta los huevos o deshidrata mortalmente a las crías. Los plásticos suelen tener colores brillantes (azul, rojo, amarillo). Esto rompe el camuflaje natural del nido, convirtiéndolo en un blanco fácil para los depredadores.
Estudios liderados por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), revelaron que aves urbanas como los gorriones recolectan colillas deshilachadas para recubrir el nido. Esto genera un efecto de doble filo: Si bien, tiene un beneficio inmediato como repelente, ya que la nicotina y otros químicos del tabaco actúan como un poderoso insecticida natural que ahuyenta a ácaros, piojos y garrapatas del nido, mejorando la supervivencia inicial del polluelo. A largo plazo, tiene un efecto tóxico, debido a que el filtro acumula metales pesados y carcinógenos. Al pasar semanas durmiendo sobre ellos, la exposición constante provoca daño genético y mutaciones cromosómicas en las células sanguíneas, afectando su salud cuando llegan a la edad adulta.
Alambres y grapas son utilizados principalmente por aves urbanas grandes (como cuervos, urracas o palomas) para formar la base rígida del nido en sustitución de las ramas espinosas. El metal rígido y afilado puede perforar accidentalmente el cascarón de los huevos durante la incubación o causar heridas abiertas e infecciones en la piel desnuda de los pichones recién nacidos. El metal absorbe y transmite la temperatura ambiente de forma extrema. En días soleados puede calentarse tanto que quema las patas de las aves, mientras que en heladas transmite el frío directamente al núcleo del nido.
Por otro lado, estudios publicados por investigadores de la Universidad de Granada han cuantificado el impacto real de esta tendencia: en entornos urbanos, los nidos fabricados con una alta proporción de basura artificial reducen el éxito reproductivo y la supervivencia de los polluelos hasta en un tercio (33%) en comparación con los nidos construidos puramente con materiales naturales.
Importancia de la construcción de nidos para los científicos
Comprender la construcción de nidos en la actualidad va mucho más allá de la simple curiosidad por el reino animal. Para los científicos, los nidos son "termómetros ecológicos" y bases de datos vivos que permiten medir el impacto humano en el planeta y desarrollar tecnologías sostenibles.
Estudiar la arquitectura aviar es fundamental hoy en día por las siguientes razones:
Actúan como bioindicadores de contaminación (monitoreo de plásticos). Los nidos funcionan como un registro histórico y geográfico de la basura urbana. En lugar de enviar científicos a recolectar basura manualmente, analizar la proporción de plásticos, colillas y microfibras dentro de los nidos permite a los ecólogos cartografiar exactamente qué tipo de contaminantes están asfixiando un ecosistema específico. Básicamente, las aves recolectan las muestras de contaminación por ellos.
Permiten medir la velocidad del cambio climático. Al analizar cómo las aves cambian el grosor, los materiales o el aislamiento de sus nidos año con año, los climatólogos obtienen datos directos sobre cómo está variando la temperatura y la humedad local. Si una especie empieza a construir nidos un 20% más delgados o adelanta sus fechas de construcción, ofrece una alerta temprana de que el microclima regional se está calentando más rápido de lo previsto.
Inspiran la ingeniería y arquitectura humana (biomímesis). Los nidos de aves son estructuras extraordinarias: son extremadamente ligeras, flexibles, impermeables y capaces de soportar vientos huracanados utilizando únicamente materiales orgánicos locales y cero pegamentos químicos.
Aplicación moderna: Los ingenieros civiles y arquitectos estudian los patrones de tejido de los pájaros tejedores o la mezcla de adobe de los horneros para diseñar nuevos materiales de construcción ecológicos, aislantes térmicos pasivos y estructuras edilicias sismorresistentes que no dependan del carbono o derivados del petróleo.
Revelan los límites de la mente animal (cognición). Históricamente, la ciencia creía que los animales eran simples autómatas biológicos. Estudiar laboratorios como el de la Dra. Susan Healy (mencionada anteriormente) demuestra que la construcción de nidos requiere memoria, toma de decisiones, cálculo de resistencia física y aprendizaje social. Esto revolucionó la neurobiología y la psicología evolutiva, ayudando a entender cómo evolucionó la propia inteligencia y el uso de herramientas en los seres humanos.
La mercantilización de los nidos de aves
Se tiene conocimiento que a causa de la deforestación y como consiguiente la pérdida de hábitats, muchas aves están utilizando basura como colillas de cigarro, plásticos, etc., en la construcción de sus nidos. Pero, ¿qué pasa cuando el mercado aprovecha esto para vender nidos ya hechos por el humano?
Comercializar nidos prefabricados orientados a la fauna silvestre altera el comportamiento natural y la selección de pareja de las aves, además de exponerlas a graves riesgos de toxicidad y asfixia al usar materiales industriales que no pueden regular ni limpiar.
La venta de nidos artificiales o "kits de construcción" para aves libres ignora el delicado equilibrio biológico detrás de cómo y por qué las aves construyen sus propios refugios: La evidencia científica demuestra que los materiales plásticos y las colillas de cigarro traen consecuencias genotóxicas y anormalidades cromosómicas. Las aves responden con estos elementos alterados porque confunden las fibras de celulosa con barreras contra parásitos, no por juego o moda. Vender nidos que incluyan los siguientes elementos masifica el problema.
Fibras sintéticas largas, hilos de pescar o plásticos rígidos comerciales aumentan drásticamente el riesgo de que los polluelos o los adultos se enreden y mueran asfixiados.
Se argumenta que el mercado “responsable” no vende nidos prefabricados con basura, sino que se enfoca en cajas nido (nest boxes) o plataformas. Estas herramientas de conservación ecológica tienen un propósito muy específico: Proveen un refugio seguro a aves que han perdido sus árboles viejos o huecos naturales debido a la deforestación. En lugar de plásticos y colillas, las cajas nido suelen rellenarse con materiales orgánicos suaves (viruta de madera sin tratar y fibras naturales) que no dañan el ecosistema.
No obstante, se señala que proporcionar nidos artificiales o intervenir de forma incorrecta altera el ciclo biológico de las aves, y la ciencia lo respalda ampliamente. Existen numerosos estudios y revisiones globales —como una exhaustiva investigación publicada en Avian Research— que demuestran que las estructuras hechas por el hombre pueden convertirse en trampas ecológicas debido a sus graves efectos negativos.
A continuación, se detallan los principales impactos negativos demostrados por la ciencia cuando los humanos proveen nidos o cajas nido: Los nidos artificiales comerciales o las cajas mal distribuidas suelen fabricarse con patrones idénticos, colores llamativos o se colocan en densidades exageradas. Estudios de ecología urbana revelan que los depredadores (como gatos, roedores o aves más grandes) aprenden rápidamente a reconocer la forma de estos nidos artificiales. Al ser elementos visualmente predecibles, se convierten en un objetivo fácil, aumentando drásticamente la tasa de mortalidad de los polluelos en comparación con un nido natural camuflado.
Una investigación publicada en Forest Ecology and Management demostró que las estructuras artificiales no logran replicar las propiedades térmicas de los espacios naturales (como el hueco de un árbol viejo). Los materiales comerciales o plásticos suelen calentarse en exceso durante el día o carecen de la ventilación e impermeabilidad correctas. Esto provoca estrés térmico, deshidratación de los polluelos y proliferación mortal de hongos y bacterias debido a la humedad acumulada.
En la naturaleza, un ave abandona su nido tras la temporada de cría y este se desintegra. Los nidos artificiales que la gente compra y deja estáticos en sus jardines acumulan ácaros, pulgas y piojos año tras año si no reciben mantenimiento humano especializado. Los estudios demuestran que las aves, engañadas por la estructura, anidan allí, pero sus crías sufren de anemia severa e infecciones por la carga parasitaria acumulada del inquilino anterior.
Además, la introducción masiva de nidos artificiales altera la densidad de población natural de un ecosistema. Estudios de biodiversidad demuestran que esto suele favorecer únicamente a especies muy agresivas o generalistas (como el gorrión común o el estornino), las cuales desplazan de forma violenta a las aves migratorias o nativas vulnerables que realmente necesitaban el espacio.
Pero el mayor impacto indirecto en el ecosistema es que este mercado lucra con la empatía humana vendiendo una falsa solución de conservación. Al comprar un nido listo en una tienda, el consumidor asume que "ya ayudó a la naturaleza", disminuyendo la presión social sobre los verdaderos problemas ambientales: la deforestación, la pérdida de árboles viejos y la contaminación. El dinero de los ciudadanos fluye hacia corporaciones de accesorios para jardín en lugar de financiar proyectos reales de restauración de hábitats.
Otro problema es la recolección de nidos vacíos, que algunas personas extraen con la justificación de actividades educativas, argumentando que estaban vacíos; sin embargo, dichas personas indirecta o directamente obtienen un lucro de estas acciones: recolectan nidos de todo el mundo; los montan en elegantes bases de madera y los exponen en sus propias galerías, cobrando en sus exhibiciones privadas, vendiendo talleres, fotografías, libros ilustrados, etc.
No obstante, desde la perspectiva estricta de la conservación ambiental y la ornitología, la práctica de recolectar nidos vacíos —incluso con fines educativos— genera debates técnicos y éticos importantes: Aunque un nido parezca abandonado, muchas especies de aves practican la reutilización o el "reciclaje" de materiales de nidos viejos para construir los nuevos. Retirar estos nidos reduce la disponibilidad de recursos listos para ser reciclados por las aves locales.
Diversas aves (como las rapaces, golondrinas y algunas aves de cavidad) regresan exactamente al mismo nido año tras año. Retirar la estructura obliga al animal a gastar una enorme cantidad de energía reconstruyendo desde cero en la siguiente temporada de reproducción.
Fuera de la época de reproducción, muchos nidos viejos sirven como refugio contra el frío extremo para pequeños pájaros o albergan invertebrados benéficos para el ecosistema forestal.
Para un ojo no entrenado, es muy fácil confundir un nido activo (donde los padres han salido temporalmente a buscar alimento o están incubando de forma intermitente) con uno abandonado. Intervenir en ese momento provoca el abandono real del nido o la muerte de los huevos por choque térmico.
Quienes defienden una ecología estricta argumentan que la naturaleza debe dejarse intacta y que el conocimiento actual permite usar fotografía de alta resolución y modelado 3D para educar, haciendo que la recolección física de nidos para vender arte sea una práctica obsoleta, extractivista y puramente comercial.
Otro caso de mercantilización de nidos es el que han llamado “nido de pájaro comestible” es el nido construido por varias especies de salanganas del género Collocalia, de la familia Apodidae, mediante la mezcla y adhesión de su saliva con sus plumas suaves. Se produce principalmente en países del sudeste asiático como Malasia, Indonesia, Tailandia y Myanmar, así como en las zonas costeras de las provincias de Fujian y Guangdong de China. Se refiere que el “nido de pájaro comestible” es rico en carbohidratos, ácidos orgánicos, aminoácidos libres y una sustancia característica: el ácido siálico.

Nido de golondrina “comestible”. Tomado de: https://baike.baidu.com/en/item/Edible%20Bird's%20Nest/952651
Los nidos de salangana se han utilizado como manjar durante más de 400 años, sobre todo en sopa. Se argumenta que son especialmente apreciados en la gastronomía china debido a su rareza, alto contenido proteico y rico sabor, y se encuentran entre los productos animales más caros consumidos por los humanos, con precios que alcanzan los 4300 dólares por libra (9500 dólares por kilogramo) según su clasificación (basada en la forma, el color y la especie). Suelen ser blancos, pero también existe una variedad roja que a veces se denomina "nido de sangre”
La mayoría de los nidos son construidos durante la temporada de reproducción por la salangana macho durante un período de 35 días. Tienen la forma de una copa poco profunda adherida a la pared de la cueva. Los nidos están compuestos de hebras entrelazadas de cemento salival.
Estos nidos se recolectaban antiguamente en cuevas, principalmente en las enormes cuevas de piedra caliza de Gomantong y Niah, en Borneo. Con el aumento de la demanda, estas fuentes han sido sustituidas desde finales de la década de 1990 por casas de anidación construidas específicamente para este fin, generalmente estructuras de hormigón armado que siguen el diseño de las casas-tienda del sudeste asiático.
Estas casas de anidación se encuentran normalmente en zonas urbanas cercanas al mar, ya que las aves tienden a congregarse en esos lugares. Se ha convertido en una industria en expansión, como se observa en lugares como la provincia de Sumatra Septentrional o el distrito de Pak Phanang en Tailandia. Desde allí, los nidos se exportan principalmente a los mercados de Hong Kong, que se ha convertido en el centro del comercio mundial de nidos de aves; la industria está valorada en alrededor de 4300 millones de dólares de Hong Kong al año, aunque la mayoría de los consumidores finales provienen de China continental. China es el mayor consumidor mundial de nidos de aves, representando más del 90 por ciento del consumo.
En algunos lugares, los recolectores de nidos (conocidos en Filipinas como busyadors) han visto una fuerte disminución en el número de aves y un aumento en las muertes “inexplicables”.
Sin embargo, se tiene documentado que la fuerte disminución en las poblaciones de salanganas (swiftlets) y el incremento de muertes inexplicables reportados por los recolectores de nidos (busyadors) se debe a una combinación de sobreexplotación comercial histórica, cambio climático extremo y pérdida de hábitat por el turismo. Estos recolectores escalan los acantilados de cuevas kársticas en lugares como El Nido, Palawan, para obtener los costosos nidos hechos de saliva de ave, un ingrediente de lujo en la gastronomía asiática. Las razones principales detrás de esta crisis silenciosa, son:
La sobreexplotación comercial agresiva. En décadas pasadas, las concesiones comerciales obligaban a recolectar los nidos continuamente. Se recolectaban nidos incluso después de que las aves hubieran puesto sus huevos, interrumpiendo ciclos de reproducción completos. Los recolectores llegaron a encontrar rastros de sangre en los nidos, una señal física del estrés extremo al que se sometía a las aves al obligarlas a sobre producir saliva para reconstruir sus hogares constantemente.
Cambio climático y calor inusual. Comerciantes y recolectores locales han registrado temperaturas inusualmente altas que rebasan el límite de tolerancia de las aves. El calor extremo provoca que las poblaciones de salanganas mueran deshidratadas dentro de las cuevas o abandonen la región hacia zonas más templadas.
Degradación del hábitat y turismo masivo. El boom turístico en lugares icónicos como El Nido ha alterado los ecosistemas periféricos a las cuevas. El cambio de uso de suelo y las prácticas agrícolas han reducido drásticamente las poblaciones de insectos voladores de los que se alimentan estas aves, provocando desnutrición y muertes repentinas.
Transición a la avicultura urbana: La industria ha migrado masivamente hacia la construcción de edificios de concreto que imitan cuevas artificiales (granjas de nidos). Esto altera el flujo natural de las aves silvestres, dejando las cuevas tradicionales vacías.
De acuerdo con investigadores como el Dr. Yun Wuxin, doctor en Ingeniería de Alimentos del Departamento de Agricultura y Biología de la Universidad Purdue de Estados Unidos, y Wang Feng, director del Departamento de Nutrición e Higiene Alimentaria de la Cuarta Universidad Médica Militar de China el valor nutricional del nido de pájaro comestible es muy limitado y su relación costo-beneficio es extremadamente baja.
Dichos autores señalan que, si se consume una cantidad adecuada de carne, huevos, leche y productos marinos de forma regular, es suficiente para obtener todo el valor nutricional que el nido de pájaro comestible puede proporcionar. Declararon a periodistas, tomando como ejemplo las proteínas, que las del nido de pájaro comestible no son tan "de alta calidad" como las del huevo o la leche.
Indicaron que, desde la perspectiva de satisfacer las necesidades del cuerpo humano, la composición de aminoácidos del nido de pájaro comestible no es buena; la nutrición que proporciona es una proteína incompleta, y sus beneficios para el cuerpo humano aún son menores que los del huevo y la leche.
Asimismo, Ji Lixia, directora del Comité de Seguridad Nutricional de Alimentos de China, también declaró al semanario "Ciencia y Vida Tecnológica" que la investigación médica moderna confirma que el nido de pájaro comestible contiene proteínas, oligoelementos y aminoácidos. No obstante, los alimentos que contienen estas sustancias no son exclusivos del nido de pájaro comestible; también se pueden obtener de algunos alimentos comunes, "como los alimentos con mucílago, por ejemplo, la oreja de plata (Tremella fuciformis), el lirio y el ñame chino".
Se documenta que el registro histórico de su consumo humano se remonta a unos 1500 años atrás en China. Hoy en día, su consumo como alimento o como producto medicinal es muy común en las poblaciones asiáticas. Según textos antiguos, puede aliviar afecciones respiratorias como el asma y se cree que influye en la fisiología de la piel.
A pesar de las posibles funciones y la popularidad de esta etnomedicina en las culturas asiáticas, la investigación farmacológica aún es muy limitada. Estas afirmaciones sobre sus efectos beneficiosos son cuestionables debido a la falta de evidencia experimental sólida que las respalde.
Por otro lado, se muestra que la producción depende totalmente de las salanganas. Que el hábitat natural de estas aves varía según su entorno, lo que afecta considerablemente al producto final. Con frecuencia se identifican contaminantes extraños no relacionados con proteínas o péptidos bioactivos secretados por la salangana. La variación química, así como los posibles contaminantes, del nido de golondrina son inevitables, lo que conlleva posibles riesgos para los consumidores. No obstante, se advierte que la comunidad científica debe aportar evidencia experimental para identificar la composición química, las propiedades farmacológicas y la diversidad de contaminantes del nido de golondrina.
Otro de los aspectos que queda oculto detrás de este multimillonario negocio es que para los trabajadores (donde se incluyen niños), recolectar los nidos conlleva grandes riesgos, puesto que tienen que escalar acantilados peligrosos o recorrer cuevas oscuras utilizando escaleras precarias, lo que provoca lesiones frecuentes. A pesar del elevado precio de la sopa de nido de ave, los trabajadores que arriesgan sus vidas para recolectar estos nidos a menudo reciben una compensación mínima.
Tras la opulencia de este “manjar” que solo las élites de los más ricos suelen degustar, se esconde una historia de explotación, destrucción ambiental y sufrimiento animal.
Animales humanas y hembras: compartiendo el mismo destino de explotación
¿Qué relación existe entre las aves hembra y las humanas?, ¿por qué se ha señalado que las expresiones de la mujer como “reina de la naturaleza” o extensión de la “madre tierra” representan un engaño discursivo?. Desde la perspectiva del ecofeminismo crítico y muy especialmente, del ecofeminismo antiespecista se desmonta la idea de la mujer como “reina de la naturaleza” o un ser sagrado por su capacidad reproductiva, para situarla en el plano de la pura fragilidad biológica y la explotación compartida con el resto de las hembras del reino animal.
Estas corrientes rompen con el “ecofeminismo esencialista o espiritualista” (que tendía a idealizar a la mujer como una extensión de la “madre tierra”) y aplican un materialismo marxista; argumentando que el patriarcado capitalista explota los cuerpos de las mujeres y de los animales bajo la misma lógica de apropiación de sus ciclos reproductivos y sus recursos vitales.
Val Plumwood, australiana, filósofa clave del ecofeminismo constructivista crítico, señala que el patriarcado sitúa a los hombres en la cúspide de la “Razón” y arroja a las mujeres y a los animales al fondo del saco de la “Naturaleza” para ser dominados. Rechaza por completo la idea de que la mujer sea la “reina” o “salvadora” espiritual del entorno. En su opinión, la mujer al igual que cualquier otro animal, es carne, es vulnerable, es alimento potencial y forma parte de los ciclos materiales de la Tierra, no está por encima de ellos.
Asimismo, Alicia Puleo, principal referente del ecofeminismo crítico e ilustrado en el mundo hispanoparlante, se distancia del feminismo que eleva a la mujer a un estatus místico o de “diosa de la fertilidad”, advierte que idealizar a la mujer como “reina o protectora natural” es una trampa patriarcal histórica para seguir asignándole la carga del cuidado no pagado y la abnegación.
Desde una perspectiva ilustrada y de derechos animales, dichas autoras defienden una ética del cuidado que incluya a los animales no humanos basándose en la vulnerabilidad compartida. Al reconocernos como seres biológicos ecodependientes y de carne, la explotación hacia los animales de granja (como gallinas, patos, vacas, cerdas) se revela como un espejo de la violencia histórica ejercida sobre los cuerpos de las mujeres.
Por otro lado, desde el feminismo crítico, otras autoras como Catia Faria en Portugal, y Angélica Velasco en España, analizan cómo el control de la reproducción une el destino de la mujer y de la hembra animal. Ambas desmontan la idea de que el feminismo deba ignorar la biología. Al contrario, afirman que la fragilidad ante el dolor y el sufrimiento es lo que nos hermana con el resto de las especies. Rechazan la jerarquía humanista clásica que sitúa a la mujer como un ser “superior” a la chimpancé o la vaca, visibilizando que en los mataderos y las industrias de explotación animal son la máxima expresión de la dominación patriarcal sobre los cuerpos vulnerables.
Para estas autoras, la noción de la mujer como “reina de la naturaleza” es un engaño discursivo. Al aterrizar a la mujer en su realidad zoológica (“somos primates, mamíferas y organismos sintientes”) el feminismo crítico expone que la opresión no es solo cultural: es una opresión material, corporal y de control biológico que los machos de la especie humana han diseñado para dominar tanto la reproducción de las mujeres como la de los animales no humanos.
Las aves hembra, específicamente las gallinas, las ocas y los patos, son el ejemplo universal para denunciar la explotación industrial de la ovulación y la destrucción del nido. Carol J. Adams, autora estadounidense, activista, feminista y defensora de los derechos animales, señala un término clave para explicar la explotación de las aves hembra: “los productos feminizados” (feminized protein).
La proteína feminizada se obtiene a través del control absoluto del ciclo reproductivo de una hembra viva. A diferencia de la carne (que requiere matar al animal primero), los huevos y los lácteos implican mantener viva a la hembra para explotar sus funciones sexuales, hormonales y maternas de forma continua. Adams señala que, el patriarcado capitalista trata los cuerpos de las mujeres y de las gallinas bajo la misma premisa: son receptáculos de producción. A la gallina se la despoja de su óvulo (el huevo) inmediatamente, así como históricamente se ha despojado a las mujeres del control de sus procesos de gestación, parto y lactancia a través de la violencia obstétrica o leyes restrictivas.
Argumenta que el patriarcado capitalista no solo consume la carne de los animales, sino que está obsesionado con explotar los ciclos reproductivos de las hembras de otras especies.
Sostiene que una gallina ponedora sufre una explotación idéntica en la lógica de las mujeres bajo regímenes de control reproductivo. El huevo es óvulo despojado. La industria convierte el cuerpo de la de por sí frágil ave hembra en una máquina biológica de ovulación constante, alterando sus ciclos hormonales con luz artificial para obligarla a producir cientos de huevos más de lo que su biología natural haría en libertad. Adams, iguala esto a la mercantilización y deshumanización del cuerpo de las mujeres.
Equipara la violencia de los mataderos de aves en granjas industriales con la violencia sexual y doméstica. Describe cómo el confinamiento, rompe lazos de sororidad natural que las gallinas y aves hembra silvestres forman en sus bandadas para proteger sus nidos, dejándolas en una total fragilidad física y psicológica ante el granjero/explotador.
Por otro lado, Angélica Velasco Sesma, filósofa ecofeminista española, en su libro La ética animal. ¿Una cuestión feminista?, desglosa detalladamente cómo la dominación patriarcal opera igual con las mujeres que con las aves de granja. Velasco describe el nido como el espacio arquetípico de soberanía de la hembra. En la industria avícola, el nido es destruido sistemáticamente: a la hembra se le encierra en jaulas de batería donde no puede realizar su comportamiento instintivo de construir un nido o empollar.
La autora traza un paralelismo con la expropiación histórica de la maternidad y el trabajo de cuidados de las mujeres. Al igual que a las mujeres se les ha arrebatado históricamente el control de sus partos y de sus cuerpos, a las aves hembra se les priva por completo de su descendencia en el instante en que desovan.
Karen Davis, en su libro Prisoned Chickens, Poisoned Eggs (Gallinas aprisionadas, huevos envenenados) hace una defensa radical de la dignidad de las aves desde el feminismo, argumenta que el insulto popular anglosajón e hispano de llamar a las mujeres “gallinas” (chick, hen o “viejas cacareadoras”) no es casual. Refleja un desprecio cruzado: se ridiculiza a la mujer comparándola con un ave, y se minimiza la sofisticación mental del ave por ser hembra.
Davis, argumenta que las palabras que usamos para insultar a las mujeres utilizando nombres de aves hembra operan en un doble sentido: degradan a la mujer despojándola de su humanidad, y degradan al ave despojándola de su inteligencia. En inglés, chick (pollito) se usa para referirse a mujeres jóvenes de forma condescendiente y sexualizada. En español, llamar a un grupo de mujeres “viejas cacareadoras” o decir que un lugar parece un “gallinero” se usa para silenciar el discurso femenino. Se propone que las mujeres no debaten ideas, sino que emiten “ruido sin sentido”.
Al mismo tiempo, se asume que la gallina es un animal tonto, cobarde y ruidoso. Davis demuestra científicamente que las gallinas tienen un lenguaje complejo (más de 30 vocalizaciones distintas) y una estructura social sofisticada (sororidad y alianzas entre hembras). Al insultar a la mujer, se refuerza la ignorancia sobre el ave.
Señala que se asocia a las aves hembra con el chisme malintencionado o la superficialidad. Indica que esta asociación busca deslegitimar la comunicación entre mujeres. Si las mujeres se juntan a hablar, el patriarcado lo traduce como “aves haciendo ruido”, anulando el potencial político de la reunión femenina (así como se invisibiliza la complejidad del canto de las aves hembra en la ciencia).
Se insulta a la mujer llamándola “zorra” o “gallina”. Y luego se justifica el maltrato a los animales en las granjas diciendo que “son solo animales salvajes/promiscuos” El desprecio hacia la hembra humana y la hembra animal se alimentan mutuamente.
En opinión de Davis, no podemos liberar a las mujeres de las estructuras opresivas del lenguaje mientras sigamos utilizando los nombres de las aves como sinónimos de inferioridad, estupidez o sumisión. Descolonizar el lenguaje exige reconocer la dignidad biológica y cognitiva de la gallina, la oca o el pato.

Pool of Tears 2 2000. Pozo de lágrimas 2 (basada en los dibujos del manuscrito de Lewis Carroll para Alicia en el País de las Maravillas, 1886). Kiki Smith, 2000. Técnica: Grabado, aguatinta, punta seca y lijado con acuarela. Alicia lucha en un charco de sus propias lágrimas con el pato, el dodo y otros. Whitney Museum of American Art. Tomado de: https://whitney.org/collection/works/13004
Conclusiones
El ecofeminismo crítico nos invita a desmantelar las estructuras de dominación que asimilan a la mujer con la naturaleza y a ambas con la categoría de “objeto de consumo”. Cuando analizamos la explotación de los nidos observamos una clara manifestación de la violencia patriarcal y extractivista. El nido, símbolo ancestral de la soberanía reproductiva, el cuidado y el refugio, es transformado por la lógica capitalista en un espacio de producción forzada o en un “residuo descartable”.
Al despojar a las aves de sus hogares y de su descendencia, el antropocentrismo androcéntrico replica el mismo patrón de control, privatización y mercantilización que históricamente ha ejercido sobre los cuerpos, los procesos biológicos y el trabajo de cuidados de las mujeres.
Así, no podemos hablar de liberación de la mujer sin exigir la liberación de la naturaleza. Defender los nidos de las aves es defender la soberanía de los cuerpos, la ética del cuidado universal y el derecho de todos los seres vivos a un refugio digno y libre de explotación.
Pero esto no se logra solo desmontando el lenguaje (es un primer paso), indispensable, para que las personas sean conscientes de la creciente explotación a las que se les somete; pero, sobre todo, las acciones deben estar dirigidas a la transformación de las condiciones materiales de existencia humana y no humana.
Lo anterior, se visualiza como una tarea de “largo aliento”; es decir, que requiere tiempo, esfuerzo, paciencia, constancia, y resistencia para completarse. Principalmente, porque el sistema lleva siglos trabajando para lo que actualmente tenemos: individualismo, competencia (entre las mismas mujeres), violencia, misoginia; además, prejuicios clasistas, racistas, ageístas (de edad), religiosos, etc. Todo ello, creando distancia, muros, separación, aislamiento, cercamientos, que nos conducen a no “ver” lo que está sucediendo alrededor de nosotras.
Declaración de la autora
Este es un texto (como todos los demás), que requirió muchísimas horas de trabajo, esfuerzo, recursos económicos personales (muy escasos), y por supuesto no es remunerado, como todo el contenido del Boletín.
Paradójicamente, hay múltiples usuarios (en lo individual, profesional, y corporativo) que se sirven del material para su provecho (lucro), sin ni siquiera citar la fuente, mucho menos reconocer o apoyar de alguna forma este proyecto de ya casi un cuarto de siglo.
Hemos observado cómo retoman las ideas, reflexiones, actividades, resultados de investigaciones, etc., presentándolas como propias, como si surgieran espontáneamente, de manera mágica; invisibilizando así, nuestro trabajo de décadas. Y considerándonos como un “recurso gratuito ilimitado”, solo esperando a que “caiga” la última novedad para llevársela.
Todavía, después de hacer uso del contenido, nos escriben para solicitarnos (de manera impersonal): Revisión de artículos académicos; validación de escalas; la entrega de trabajos académicos en un tema indicado por una revista especializada; artículos de divulgación; coordinar un número especial de una revista; etc., todo esto sin pago alguno: La extracción máxima de valor sin ninguna retribución o reciprocidad.
Y para finalizar, el extractivismo digital: el avance tecnológico actual opera bajo una lógica extractivista, las grandes corporaciones tecnológicas tratan las ideas, las investigaciones y la producción cultural humanista de los creadores independientes como “materia prima gratuita” para alimentar sus procesadores de datos corporativos, lucrando con el “conocimiento socializado sin fines de lucro”.
Con esta información, las corporaciones optimizan sus propios modelos de lenguaje comerciales, cobrando suscripciones a sus usuarios sin dar ningún tipo de regalía, crédito o compensación económica a los autores originales; quitándoles visibilidad a los portales independientes (o peor aún: utilizándolos solo como “gancho”), para beneficiarse de la venta de publicidad. Nos encontramos actualmente ante el extractivismo infocognitivo más feroz del sistema económico capitalista.
Desafortunadamente, esta es la realidad a la que nos estamos enfrentando actualmente.