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Hermosillo, Sonora, México.

CREANDO ESPACIOS
El estudio de las Aves a través de la Historia: Una revisión crítica
Por: Ana Silvia Figueroa-Duarte

Imagen de libros de: divulgación científica, filosofía, historia, literatura, guía de observación; sobre el tema de
las aves. Al fondo un collage sobre el mismo tema.

Foto de Archivo: Boletín Contactando.

 

1. Las Aves en la Antigüedad: prehistoria


Desde la antigüedad, las aves han significado una fuente de fascinación a los humanos por su abundancia, visibilidad, diversidad, simbolismo espiritual y utilidad práctica. Durante milenios, fueron los únicos seres que dominaban el cielo; representaban la libertad absoluta y la superación de los límites terrestres, algo que históricamente no se logró replicar hasta hace relativamente muy poco tiempo. Muchas culturas antiguas (como la egipcia o las precolombinas) creían que las aves al volar tan alto eran mensajeras de los dioses o puentes entre el mundo terrenal y el espiritual.

Su observación era vital para la navegación, el cambio de estaciones (migraciones) y la localización de fuentes de agua o alimento, lo que las convirtió en aliadas para la supervivencia. Su diversidad de colores y la complejidad de sus cantos fueron fuente de inspiración constante para el arte, la música y la poesía, conectándonos emocionalmente con la naturaleza.

En cuanto a sus representaciones (pinturas rupestres), es difícil encontrarlas porque el arte paleolítico se centraba principalmente en grandes mamíferos de caza (bisontes, caballos, ciervos) no en la fauna menor o voladora. Las aves eran menos relevantes como fuente primaria de alimento o pieles en comparación con los grandes herbívoros, resultando en una representación excepcional y rara.

En dichas pinturas, se reflejaban la cosmovisión y el entorno de los cazadores-recolectores, priorizando presas grandes y significativas. Si bien existen, en algunos sitios como el sur de la península ibérica, las aves no formaban parte del repertorio común, a diferencia de los signos, figuras humanas y grandes animales. Diversas pinturas son sutiles y se han degradado, haciendo que representaciones pequeñas (como aves) sean más difíciles de detectar que las grandes figuras. Aunque escasas, existen ejemplos excepcionales donde se han identificado múltiples especies de aves, como en abrigos cercanos a la laguna de La Janda en España. Asimismo, en Asia (Indonesia), Europa (España/Francia) y América (Norte y Sur).

En África se grabaron siluetas de pájaros en losas de arenisca roja, caliente; las representaciones de aves (como grullas, buitres, avestruces o aves tejedoras) son frecuentes y, a menudo, tienen un significado espiritual profundo, vinculado a chamanes o seres mitológicos. En cámaras funerarias del Ártico se depositaron cráneos de alca gigante junto a los muertos para acompañarlos al otro mundo.

En muchos casos, las aves representadas eran especies grandes y valoradas para el consumo, como gansos, grullas, buitres, flamencos o incluso aves extintas como el alca gigante.

Lámina: Alca en la cueva Cosquer, Alpes Marítimos, Francia, c. 17.000-16.000 a. C. Carbón sobre pared de roca. Foto: J Clottes. En J. Clottes, J.Courtin y L. Vanrell, Cosquer Redécouvert (París: Le Seuil, 2005). Arte científico: pájaros. Tomado de: https://web.stanford.edu/group/stanfordbirds/HNB/html/RM-3/Great_Auk.html
 

 

Grecia Clásica

Por otra parte, en el período clásico, se observa que los griegos se sentían desconcertados e inspirados por las aves: escribieron poemas sobre ellas,emplearon como medicina algunas de sus partes, deposiciones y secreciones internas, y se basaron en su comportamiento para predecir el futuro.

Los antiguos griegos, al igual que los romanos, utilizaban las deposiciones (excrementos) y ciertas secreciones de aves como parte de la "dreckapotheke" (del alemán “farmacia de la inmundicia”), una práctica médica basada en la creencia de que tales sustancias tenían propiedades curativas, mágicas o terapéuticas.

Las heces de aves como palomas, gansos, golondrinas y rapaces eran comunes en los recetarios médicos. Se utilizaban para tratar tumores, abscesos (debido a la alta acidez de los uratos blancos), y diversas inflamaciones de la piel. Se aplicaban para problemas de garganta, amigdalitis y dolencias pulmonares. Algunas mezclas, como el excremento de paloma mezclado con sal, se utilizaban para tratar cólicos severos.

Los excrementos, particularmente los de ave, se usaban a veces en mezclas para tratar enfermedades de la piel o incluso para intentar eliminar manchas. Aunque el uso intensivo del guano (excrementos de aves marinas) es más famoso en culturas andinas, los griegos conocían y utilizaban los excrementos de animales y aves para mejorar la calidad de la tierra cultivable.

Aunque actualmente pueda parecer extraño, los médicos de la antigüedad, incluidos los influenciados por los griegos como Galeno, creían que las heces de animales, por sus componentes, podían tener efectos antibacterianos. A menudo mezclaban estas sustancias con hierbas aromáticas, como el tomillo, para enmascarar el mal olor.

Además, los antiguos griegos se basaban en el comportamiento de las aves para predecir el futuro —una práctica conocida como ornitomancia o auspicio— porque consideraban a las aves como mensajeras directas de los dioses. Al ser criaturas aladas que habitaban el cielo, se creía que las aves actuaban como intermediarios entre el mundo terrenal y el divino, capaces de transmitir la voluntad de Zeus y otros olímpicos.

Las aves, especialmente las rapaces, eran vistas como símbolos de conexión cielo-tierra. Su vuelo, canto y dirección permitían a los adivinos interpretar si los dioses favorecían o no una acción. Aves que volaban o cantaban desde la derecha (este) se consideraban un buen augurio, mientras que las de la izquierda (oeste) eran negativas. Se observaba el tipo de vuelo (alto, bajo, en picada), el canto (graznidos) y las migraciones.

Cada deidad tenía aves asociadas que servían como sus "emisarios": el águila de Zeus, el búho de Atenea, la paloma de Afrodita, el cuervo de Apolo. Esta práctica formaba parte de la cosmovisión antigua, más vinculada a la naturaleza, y fue fundamental en la toma de decisiones políticas y militares.

Los adivinos (como el famoso Tiresias) o sacerdotes llamados augures interpretaban estas señales, un arte que los romanos más tarde adoptaron y formalizaron de manera estricta. La ornitomancia no solo buscaba predecir el futuro, sino buscar la aprobación divina para acciones planeadas, como el inicio de una guerra o la fundación de una ciudad.


 

Para los griegos, Aristóteles (384 a. C -3 22 a. C) representó especialmente la cumbre del saber enciclopédico y la sistematización del conocimiento. Fue reconocido como un polímata (erudito), versátil —filósofo, científico, politólogo y preceptor de Alejandro Magno— que redefinió el aprendizaje a través de la observación empírica, la lógica y el estudio de la naturaleza. A diferencia de su maestro Platón, Aristóteles enfatizó que el conocimiento verdadero proviene de la experiencia y el estudio directo de la realidad, no solo de las ideas abstractas.

Representó la transición de la filosofía especulativa hacia una visión científica y organizada del mundo, resultando una de las mentes más influyentes en la Grecia clásica y el período helenístico. Sus observaciones, ideas e ingeniosas interconexiones entre filosofía e historia natural en la Historia de los Animales y De la Generación de los Animales son obras fundacionales (siglo IV a.C.) que sientan las bases de la zoología y embriología. La primera clasifica especies basándose en la observación, mientras que la segunda detalla la reproducción y desarrollo embrionario, suponen los inicios de la ornitología. Consideraba a las aves “una ocupación digna de la mente filosófica” y escribió de forma entusiasta sobre su reproducción, migración, anatomía, desarrollo, territorio y taxonomía.

Historia general de aves y animales. Tomado de: https://portalacademico.cch.unam.mx/biologia2/caracteristicas-generales-dominios-y-reinos/historia-clasificaciones

 

Los trabajos científicos de Aristóteles permanecieron en buena parte desconocidos durante más de un milenio después de su muerte. Más adelante, en el siglo XIII, las copias de sus escritos se llevaron a Europa Occidental, se tradujeron al latín y a partir de ese momento se volvieron accesibles. Estos textos sentaron la base de las enciclopedias animales medievales conocidas como bestiarios, cuyos autores como el fraile dominico y polímata Alberto Magno, aceptaron los trabajos de Aristóteles y los embellecieron con observaciones y comentarios propios.
 

 

2. Edad Media y Renacimiento

En la Edad Media la caza de aves no era solo una actividad de subsistencia o deportiva, sino que formaba parte de una cultura compleja donde la observación de los animales, incluyendo las aves, servía para establecer modelos de conducta, lecciones morales y jerarquías sociales.
 

La Cetrería

La cetrería (caza con aves rapaces) era un arte refinado reservado a la nobleza. El adiestramiento de un ave de presa requería paciencia, control y disciplina, cualidades que debían reflejar la formación de un caballero o dama. La relación entre el cetrero y su ave era vista como un modelo de vasallaje y lealtad. Aves rapaces, como halcones y azores, eran valoradas no solo por su capacidad de caza, sino porque su posesión y manejo exhibían las virtudes del cazador: paciencia, dominio de sí mismo y destreza.

A partir del siglo XIII, la caza con aves generó una literatura técnica especializada. El libro De arte venandi cum avibus (“Sobre el arte de cazar con aves”), considerado el primer tratado científico de ornitología medieval, basado en años de observación directa, fue escrito por el emperador Federico II de Hohenstaufen (1194–1250): Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, polímata y ávido cazador, es un ejemplo destacado que combina la observación zoológica detallada con la práctica de la cetrería. Fue uno de los primeros en desafiar las explicaciones de la naturaleza basadas solo en la tradición clásica.
 

Bestiarios Medievales

Los bestiarios, una mezcla de zoología y moralidad cristiana, parecerían hoy una curiosa combinación de realidad y fantasía, pero en su día fueron los libros zoológicos de referencias. Los animales se valoraban únicamente por su significado religioso y su comportamiento se interpretaba de forma moralizante, como ilustra el caso de la paloma, cuya descendencia gemela representaba el amor de Dios y el amor al prójimo.

Los bestiarios medievales sobre aves funcionaban como enciclopedias morales, no científicas, que fusionaban descripciones zoológicas (muchas veces fantásticas) con enseñanzas cristianas. Cada ave simbolizaba vicios, virtudes o aspectos divinos, donde el comportamiento animal se interpretaba alegóricamente para educar en la fe.

Las aves reales e imaginarias representaban conceptos teológicos. Por ejemplo, el pelícano simbolizaba a Cristo resucitando a sus hijos (dando su sangre), mientras que el avestruz, por abandonar sus huevos, representaba a quien olvida a Dios.

Su propósito era demostrar que todo lo creado por Dios tiene un sentido oculto y una enseñanza moral, convirtiendo la zoología en una lección de religiosidad.
 

Composición de páginas de bestiarios medievales. Tomado de: https://www.hahistoriayarte.com/los-bestiarios-medievales/
 

 

El Despertar del Renacimiento

Por otro lado, en una época radicalmente distinta a la de Aristóteles, separados por más de 1.700 años, Leonardo da Vinci (1452-1519), dedicó gran parte de sus estudios entre 1505 y 1506 a analizar el vuelo de las aves, plasmando sus investigaciones en el Códice sobre el vuelo de las aves. Observó la anatomía aviar, la aerodinámica y la naturaleza del aire para diseñar máquinas voladoras, buscando emular el movimiento de sus alas. Analizó minuciosamente cómo las aves mueven las alas, cómo utilizan la cola y cómo se sostienen en el aire. Estudió el vuelo batido (con aleteo) y el vuelo planeado (sin aleteo), aprovechando el viento. Planeó organizar sus observaciones en cuatro libros, cubriendo el vuelo batido, el vuelo sin aleteo, las similitudes con peces voladores/insectos, y la mecánica del vuelo.

Codex flight of the birds by Leonardo da Vinci. Tomado de:
https://es.wikipedia.org/wiki/ C%C3%B3dice_sobre_el_vuelo_de_los_p%C3%A1jaros#/media/ Archivo: Da_Vinci_codex_du_vol_des_oiseaux_Luc_Viatour.jpg
 

 

Cabe recordar que, en la época de Leonardo, el animal no se considera una criatura dotada de conciencia: el ave no sabe que puede volar; se considera una especie de simple organismo mecánico, exclusivamente inventado por la naturaleza para volar. El ave es, de algún modo, una máquina voladora cuyos movimientos debe recuperar el ser humano para poder imitarlos. Por dicha razón, Leonardo deja de lado al animal para centrarse en el instrumento.

Así, sus estudios, que incluyeron más de 500 bocetos y 35,000 palabras, sentaron bases conceptuales para la aviación moderna. El manuscrito, fechado en 1505, contiene anotaciones in situ sobre aves, diagramas y diseños de ingeniería. Leonardo da Vinci buscaba comprender las leyes naturales que rigen el movimiento para crear una máquina que permitiera al ser humano volar.
 

Renacimiento y Transición:
Enciclopedistas de la naturaleza


Conrad Gessner (1516–1565): Naturalista suizo, médico y bibliógrafo. Su monumental Historiae animalium (1551–1558) incluye un volumen dedicado a las aves, donde recopiló sistemáticamente conocimientos anatómicos y de hábitat, fue uno de los primeros en clasificar a las aves científicamente.

Ulisse Aldrovandi (1522–1605): Naturalista y polímata italiano, considerado el padre de la historia natural moderna. Publicó una obra enciclopédica sobre ornitología (Ornithologiae hoc est de avibus historiae libri XII), con descripciones detalladas de cientos de especies. Fue contemporáneo de Gessner y fundó uno de los primeros gabinetes de curiosidades, sentando las bases del estudio sistemático de la zoología.

El coleccionismo como lujo
En la época del Barroco (1600-1750) el “conocimiento” se consideraba una propiedad de quien podía pagar por él. Los gabinetes de curiosidades eran símbolos de poder; el mérito solía llevarlo el dueño de la colección (el noble o el mecenas) y no el experto o el taxidermista que realmente preparaba las piezas. Casos como el de Dionisio Minaggio, que era un jardinero, empleado del Estado, su trabajo se veía como “curiosidad artesanal” o decoración, no como una investigación intelectual sobre la naturaleza.

A diferencia de Aldrovandi o Gessner, que publicaron libros impresos con grabados que circularon por toda Europa, el Libro de Plumas era un ejemplar único y manuscrito. No tuvo difusión, por lo que la comunidad científica de su tiempo ni siquiera supo de su existencia. Minaggio no escribió sobre el comportamiento, la anatomía o la clasificación de las aves. Su aporte fue puramente visual y material. Para los ornitólogos posteriores, su obra era más una muestra de taxidermia artística que un tratado de estudio.

No obstante, los ornitólogos modernos valoran su libro como un archivo biológico invaluable. Al usar plumas y partes sin teñir, Minaggio “congeló” en el tiempo el ADN y los colores exactos de aves de hace 400 años, permitiendo identificar especies y subespecies en la zona de Milán que hoy podrían estar extintas o haber cambiado.
 

Portada de El libro de las plumas de Dionisio Minaggio
El ave representada es un zorzal roquero azul hembra. Tomado de:
https://en.wikipedia.org/wiki/The_Feather_Book_of_Dionisio_Minaggio#/ media/File:The_Feather_Book_of_Dionisio_Minaggio_-_title_page.JPG


 

El Libro de Plumas de Dionisio Minaggio, también conocido en italiano como Il bestiario barocco (El Bestiario Barroco), es una colección de 156 imágenes realizadas casi en su totalidad con plumas de aves, complementadas con trozos de piel, patas y picos. Fueron creadas entre 1616 y 1618 por Dionisio Minaggio, jardinero jefe del Ducado de Milán, y originalmente estaban encuadernadas en un libro. La mayoría de las imágenes del libro representan aves autóctonas de la región de Lombardía, en Italia, en aquella época, pero también contenía conjuntos de otras imágenes que representaban cazadores, comerciantes, músicos y personajes de la commedia dell'arte .

El libro contenía 113 imágenes con aves como protagonistas, incluyendo la portada, que muestra a una hembra de zorzal roquero azul en un árbol con un pastor debajo cuidando su rebaño. Según Eleanor MacLean, antigua bibliotecaria de la Biblioteca Blacker-Wood de Zoología y Ornitología de la Universidad McGill, que ahora alberga la colección, las imágenes de aves contienen "posiblemente las pieles de aves conservadas más antiguas que existen, lo que las hace importantes tanto taxonómica como artísticamente".

La mayoría de las imágenes muestran a las aves en poses estáticas de perfil. Sin embargo, algunas representan aves en vuelo o interactuando con personas u otras aves. También hay una representación de un pájaro carpintero enfrentándose a una serpiente y otra de un pájaro carpintero metiendo la lengua en un árbol en busca de insectos. Según MacLean, estas representan algunos de los primeros intentos de ilustrar el comportamiento de las aves además de su apariencia.

Rompió con la tradición de las ilustraciones estáticas; en su libro se pueden ver aves en pleno vuelo, algo muy inusual para el siglo XVII.
 

La Ilustración y el Romanticismo

Johann Wolfgang von Goethe (1749–1832): Aunque es famoso por la literatura, hizo aportes cruciales a la biología con su teoría de las plantas y el estudio de la morfología animal, buscando las leyes que rigen las formas de vida. Incursionó en la botánica, la anatomía comparada y la osteología. Estudió la estructura de las aves y cómo sus formas se adaptaban a su función.

Aplicó a la zoología la idea de que todas las partes de un organismo son variaciones de una "forma original" (Urform). Esto influyó en cómo los naturalistas posteriores entendieron la adaptación del pico y las alas de las aves como modificaciones de una estructura base.

Defendió que no se podía estudiar a las aves de forma aislada, sino comparándolas con otros vertebrados. Buscaba el "tipo" o plan estructural común, una idea que precedió y facilitó la aceptación de las teorías evolutivas.

Documentó con gran detalle el comportamiento de las aves y su relación con el clima y las estaciones en sus diarios, aportando datos sobre migración y anidación desde una perspectiva científica y estética a la vez.
 

3. El Nacimiento de la Ornitología Científica

John Ray (1627-1705) y Francis Willughby (1635-1672): fueron pioneros fundamentales en la ornitología, trabajando juntos en el siglo XVII para crear el primer sistema de clasificación de aves basado en la morfología y función (cuerpo, pico, patas) rompiendo con los mitos antiguos. Aunque Willughby murió joven, Ray completó y publicó sus investigaciones conjuntas. Este libro es reconocido como la base de la ornitología científica: Ornithologiae libri tres (1676).
 

Portadas de las ediciones en latín (1676) e inglés (1678) de Ornitología.
Tomado de: https://americanornithology.org/ray-of-light/


 

El trabajo de Willughby y Ray fue fundamental para el desarrollo de la taxonomía posterior. Las obras precedentes sobre aves solían contener información extraída de fuentes como Aristóteles y Plinio, con comentarios adicionales del autor. Estas obras generalmente describían a las aves, dónde se podían encontrar, si eran comestibles, si tenían algún valor medicinal y cuáles eran sus rasgos y características humanas (por ejemplo, los reyezuelos eran considerados “valientes”, mientras que los pinzones eran considerados “torpes”). Tampoco era raro encontrar aves míticas y legendarias como el fénix y el grifo entre las páginas de dichas obras. A medida que el estudio de la historia natural progresó, los estándares de las obras ornitológicas mejoraron, pero aún carecían de una organización sensata y coherente.

Willughby y Ray abandonaron la clasificación basada en mitos o simplemente en el hábitat (tradición aristotélica), para centrarse en la estructura del pico, las patas y el tamaño corporal como indicadores de relaciones biológicas. Dividieron las aves principalmente en aves terrestres y acuáticas, y posteriormente las agruparon por la forma de su pico y patas, así como por sus características internas. Fueron de los primeros en documentar sus hallazgos a través de la disección y la observación de campo meticulosa, viajando juntos por Europa. Compartían la visión de Leonardo da Vinci de entender la naturaleza para replicarla o integrarla en el conocimiento humano general.
 

Revolución Industrial y Ciencia Moderna

Sir George Cayley (1773–1857): Ingeniero y científico polímata británico, pionero de la aeronáutica. Estudió el vuelo de las aves, especialmente de los buitres, para diseñar sus primeros planeadores, fundamentando la aerodinámica moderna. Se le considera el “padre de la aviación” marcando el inicio del estudio mecánico y técnico del vuelo.
 

4. Evolución y el auge de la Ilustración

John James Audubon (1785–1851): Fue un ornitólogo, naturalista y pintor francés, nacionalizado estadounidense, considerado como el primer ornitólogo de América. Conocido principalmente por su ambicioso proyecto de documentar y pintar todas las especies de aves de América del Norte. Sus aportaciones combinaron el arte detallado con la observación científica de campo. Publicó esta monumental obra The Birds of America entre 1827 y 1838, compuesta por 435 láminas grabadas a color de gran formato (doble folio elefante) que incluían casi 500 especies, muchas de ellas ilustradas por primera vez.

Su obra es un registro valioso de la biodiversidad del siglo XIX, documentando especies que ahora están extintas, como la cotorra de Carolina, la paloma migratoria, el pato de Labrador, el alca gigante y el urogallo pinnado.
 

El cuarto volumen de la obra de Audubon se exhibe en el Museo Nacional de Historia Natural En Washington, D.C. Tomado de:
https://en.wikipedia.org/wiki/The_Birds_of_America#:~:text= The%20Birds%20of%20America%20is, billed%20woodpecker%2C%20and%20Bachman' s%20warbler.


 

Además de las ilustraciones, escribió cinco volúmenes de texto llamados Ornithological biography (“Biografía de las aves”), que acompañaban a las láminas y contenían observaciones detalladas sobre el comportamiento, migración y hábitos de las aves.

Aunque en su época cazaba aves para estudiarlas, su trabajo inspiró la creación de la National Audubon Society a principios del siglo XX, una de las organizaciones de conservación más antiguas y dedicadas a la protección de las aves y sus hábitats.

Sin embargo, ha sido objeto de crecientes controversias y severas críticas debido a sus métodos de caza, considerados por muchos hoy en día como excesivos, poco éticos y contradictorios para un “conservacionista”. Aunque su trabajo fue revolucionario, la base de su arte fue la matanza masiva de aves.
No solo cazaba para estudio; se documenta que disparaba a cientos de aves en un solo día, a menudo más de las que necesitaba para sus pinturas. Se estima que mató miles de especímenes durante sus investigaciones.
Aunque su obra se usa hoy para la conservación, él mismo era un cazador extravagante que mataba aves por placer, diversión y práctica de tiro. Mataba aves raras o en peligro de extinción, destruía nidos, mataba crías y dejaba aves heridas sufriendo. Se le critica que, aunque fue el primero en notar la disminución de hábitats, sus métodos contribuyeron a la destrucción que denunciaba.

A diferencia de sus contemporáneos, que dibujaban aves disecadas, Audubon mataba a las aves y luego utilizaba una técnica de alambres y clavos para sostenerlas en poses “naturales” o reales (una innovación técnica para la época). Se señala, según sus propios diarios, que a menudo tras matar la muestra, su interés en ella se desvanecía rápidamente.

Asimismo, críticos contemporáneos y modernos lo acusaron de ser un impostor y de falsificar datos. El ejemplo más famoso es el "Washington Eagle", una especie que presuntamente inventó para impresionar a inversores europeos.

Se ha demostrado que algunas de sus pinturas parecen haber sido copiadas o plagiadas de trabajos anteriores de otros naturalistas. Se le acusa de robar especímenes de museos y no dar crédito a los ayudantes nativos o afrodescendientes que le facilitaban información y muestras.

También, se documenta que esta obra que llaman “monumental” The Birds of America no fue realizada en solitario por Audubon, sino que fue un esfuerzo colectivo; y representa un caso particularmente controvertido por la forma deliberada en que ocultó estas contribuciones para vender la imagen de un “genio solitario”. Audubon firmaba sus dibujos en tinta, mientras que hacía que asistentes como Joseph Mason firmaran en lápiz, lo que facilitaba borrar sus nombres antes de la impresión final.

Mason, quien pintó los fondos botánicos de unas 50 láminas, afirmó años después que Audubon le había prometido verbalmente que su nombre aparecería en la obra, una promesa que nunca se cumplió. Audubon necesitaba presentarse ante la aristocracia europea como el "Hombre de los Bosques Americano" (American Woodsman). Admitir que dependía de un equipo de pintores expertos, como George Lehman o Maria Martin, habría debilitado la narrativa romántica del artista-explorador solitario que atraía a sus suscriptores.

En esa época, era común que los asistentes fueran vistos como "herramientas" del autor principal. Sin embargo, incluso para los estándares de su tiempo, Audubon fue criticado por su falta de generosidad con sus colaboradores, los cuales quedaron “en la sombra”: Joseph Mason: Pintó la flora y los fondos de más de 50 aves. George Lehman: Paisajista profesional realizó muchos de los fondos más complejos. Maria Martin: Experta botánica añadió flores, insectos y mariposas en más de 20 acuarelas. Robert Havell Jr.: Fue el grabador que no solo copió los dibujos, sino que a menudo "arregló" composiciones y mejoró detalles técnicos durante el proceso de impresión.

Hoy en día, los historiadores del arte y museos están corrigiendo esto, reconociendo estas láminas como obras colectivas y dándoles su lugar a los artistas que Audubon decidió omitir.

Por otra parte, se documenta que Audubon fue dueño de personas esclavizadas y se opuso al movimiento abolicionista. Debido a estos antecedentes (caza inmoderada, racismo, falsificación) muchas organizaciones, incluyendo capítulos de la Sociedad Audubon, han considerado o realizado cambios de nombre para distanciarse de su figura.

Con las controversias que han surgido sobre este personaje se ha justificado que los fundadores de la Sociedad Audubon y sus secciones locales nunca buscaron honrar al hombre, sino la frágil belleza de las aves que retrató.

En resumen, sus críticos sostienen que, aunque Audubon sentó las bases del estudio de aves en Norteamérica, sus métodos de caza eran brutales incluso para su época, y que su legado está hoy manchado por prácticas éticas dudosas tanto en la ciencia como en su vida personal.


Charles Darwin (1809-1882): naturalista británico, es reconocido por ser el científico más influyente (y el primero, compartiendo este logró de manera independiente con Alfred Russel Wallace) de los que plantearon la idea de la evolución biológica a través de la selección natural, sustentándola empíricamente en su obra El origen de las especies (1859) con numerosos ejemplos extraídos de la observación de la naturaleza.

Realizó aportaciones fundamentales a la ornitología, principalmente a través de sus observaciones durante el viaje del Beagle (1831-1836), las cuales sentaron las bases para comprender la adaptación y la evolución de las aves. Aunque no era un ornitólogo especializado, su análisis de las aves, especialmente en las islas Galápagos, cambió la forma en que entendemos la diversidad biológica.

Observó que los pinzones en las diferentes islas del archipiélago de Galápagos tenían picos de diversas formas y tamaños, adaptados a distintos tipos de alimento. Esto le llevó a entender cómo una especie ancestral puede diversificarse en varias especies nuevas para aprovechar los recursos disponibles, un concepto conocido como “radiación adaptativa”.

Darwin notó que los sinsontes de diferentes islas de Galápagos eran sutilmente distintos, lo que le hizo cuestionar la inmutabilidad de las especies y sugerir que las poblaciones se diferenciaban según su entorno. Identificó la existencia de dos especies diferentes de ñandúes en Sudamérica (el ñandú común y el Rhea darwinii), notando la separación geográfica entre ambas especies, lo cual reforzó su idea sobre la especiación geográfica.

Observó cómo las aves migratorias y las aves de presa (como los halcones) pueden dispersar semillas y otros organismos, contribuyendo a la biogeografía y al entendimiento de cómo las especies colonizan nuevas áreas. Sus observaciones sobre cómo las aves de las islas se parecían a las del continente más cercano (Sudamérica), pero eran distintas, proporcionaron pruebas clave para la distribución geográfica de los seres vivos y la evolución. Aunque Darwin recolectó y describió estas aves, fue el ornitólogo John Gould quien, al examinar la colección en Inglaterra, confirmó que los pinzones constituían un grupo nuevo y diferenciado de especies, consolidando la importancia de las observaciones de Darwin.
 

5. Ornitología moderna y etología

Konrad Lorenz (1903-1989): revolucionó la ornitología y la biología al fundar la etología moderna, enfocándose en el comportamiento instintivo animal. Su aportación más famosa fue el estudio de la impronta (imprinting) en gansos y patos, demostrando cómo las aves jóvenes forman un vínculo inquebrantable con el primer objeto móvil que ven. Sus intereses se concentraron principalmente en el estudio de los procesos de aprendizaje de las aves, especialmente los gansos silvestres. Después de años de observación y estudio descubrió una etapa crítica en la que los polluelos aprenden a reconocer y a seguir a los padres, incluso si estos son adoptivos, siempre y cuando estén presentes ciertos estímulos auditivos o visuales, la impronta, que provoca la reacción de los jóvenes. Sus novedosos métodos de trabajo, el estar en contacto directo con su objeto de estudio (siempre en compañía de sus crías), hicieron posible el conocimiento y la comprensión de muchos patrones de conducta animal.

Junto a Nikolaas Tinbergen (1907-1988), estableció el estudio del comportamiento animal como una disciplina biológica rigurosa. Propuso que muchos comportamientos de las aves, como el cortejo o la construcción de nidos, son instintos genéticamente programados que se activan con estímulos específicos. Su impacto fue tan grande que recibió el Nobel de Medicina (1973), consolidando la idea de que entender a las aves y otros animales es clave para entender la naturaleza humana.

No obstante, la crítica más grave y duradera es la relación de su trabajo científico con el nacionalsocialismo. Lorenz se afilió al partido nazi en 1938 y en sus publicaciones de esa época utilizó metáforas seudocientíficas sobre "higiene racial" y "degeneración", sugiriendo que la "domesticación" (comparada con la civilización humana) provocaba una pérdida de instintos funcionales. Esto provocó que, incluso décadas después, se cuestionara la base ética de sus estudios etológicos.

A pesar de estas críticas, el concepto de impronta de Lorenz sigue siendo fundamental, y sus métodos de observación de campo sentaron las bases para la etología moderna.

Tim Birkhead (1950- actualidad), ornitólogo británico; ha sido profesor de Comportamiento y Evolución en la Universidad de Sheffield desde 1976. Se le considera una de las figuras más relevantes de la época contemporánea y el máximo exponente de la Ecología del Comportamiento en la ornitología actual. En su libro La sabiduría de las aves. Una historia ilustrada de la ornitología (2017), si bien es un relato que abarca desde la antigüedad clásica, hasta la investigación actual, se basa especialmente alrededor de la figura de John Ray (presentado anteriormente), que en su opinión marcó un hito histórico y preparó el despegue de las ciencias biológicas en los siglos XVIII y XIX. El libro contiene gran cantidad de imágenes interesantes que el mismo autor señala le tomó cerca de dos años recuperar, tanto de colecciones académicas como privadas.

Asimismo, su trabajo reciente Los sentidos de las aves. Qué se siente ser un pájaro (2019), se centra en cómo las aves perciben el mundo, abarca estudios sobre los diferentes sentidos de las aves: incluyendo la vista, el oído, el tacto, el gusto, el olfato; además del sentido magnético y las emociones. Un campo que él llama "el sentido de las aves", alejándose de la visión puramente mecánica del siglo XIX.

Sin embargo, los propios estudios de Birkhead han sido criticados por mostrar un sesgo de género en la interpretación, y en enaltecer y privilegiar la sexualidad de los machos y centrarse en la promiscuidad femenina. Un sesgo en que incurrieron muchos de sus predecesores y desafortunadamente prevalecen actualmente.
 

6. Aportaciones desde la ornitología femenina

Por otro lado, no solo existieron personajes del sexo masculino que hicieron grandes aportaciones a la ciencia, como se nos ha querido hacer creer (por editoriales, medios de comunicación, la inteligencia artificial, etc.) puesto que privilegian y priorizan los trabajos realizados por hombres con el objetivo de mantener el statu quo (el orden establecido); también coexistieron mujeres polímatas, naturalistas y científicas a lo largo de la historia, mujeres que han superado barreras de género para convertirse en observadoras, investigadoras y documentadoras fundamentales del mundo de las aves (ornitología), a menudo trabajando en condiciones adversas o sin el reconocimiento académico de sus pares masculinos. Por esta razón es que incluimos este apartado.

Entre las pioneras más influyentes se destacan:

Emily Dickinson (1830–1886): Aunque conocida principalmente como poeta, fue una apasionada de la botánica y las aves, cuya obra está profundamente influenciada por la observación detallada de la naturaleza. No fue una ornitóloga académica en el sentido moderno, pero realizó contribuciones significativas a la ornitología literaria y a la observación naturalista de Nueva Inglaterra a través de su poesía. Sus aportaciones destacan por una observación minuciosa y una descripción precisa del comportamiento aviar, lo que le ha valido el reconocimiento como una "naturalista de jardín".

Dickinson no solo citó aves, sino que describió con precisión comportamientos, cantos y hábitats de más de 20-26 especies comunes en Nueva Inglaterra, incluyendo petirrojos, gorriones, azulejos, colibríes, bobolinks y, notablemente, la oropéndola de Baltimore. Los pájaros aparecen en al menos 222 (hasta 264 según fuentes) de sus 1,789 poemas, lo que representa una parte sustancial de su obra creativa dedicada a la naturaleza. Sus versos reflejan la comprensión de los patrones migratorios, el anidamiento y la alimentación de las aves, documentando la independencia y la "musicalidad" de estas especies, como se aprecia en poemas sobre el petirrojo (I have a Bird in spring).

Las aves fueron un vehículo para explorar la condición humana, la opresión de género (siendo ella misma una forma de "pájaro enjaulado") y el placer estético de la naturaleza, situando sus poemas entre la ciencia y la sensibilidad poética.

Su obra ha sido recopilada recientemente en ediciones especializadas como El secreto de la oropéndola (Nórdica Libros), que destaca 47 de sus poemas centrados en aves de Nueva Inglaterra. Un ejemplo clave de su precisión observacional es el poema "A Bird came down the Walk" (“Un pájaro bajó por el sendero”), donde describe minuciosamente a un pájaro comiendo un gusano y bebiendo rocío antes de volar.

Emily Dickinson se encuentra entre los y las autoras de lo que han llamado ornitología literaria, que combina la observación rigurosa de las aves con una prosa o poesía de gran calidad artística. Combinando ciencia, y literatura a menudo con un fuerte componente de defensa ambiental. Se trata de una vertiente que trasciende el estudio científico de las aves para explorar su significado simbólico, cultural, artístico y poético en la literatura y el arte a lo largo de la historia. Se enfoca en cómo los seres humanos han interpretado a las aves, convirtiéndolas en metáforas, símbolos o arquetipos.

Mientras la ornitología científica se centra en la biología, esta variante "literaria" o "popular" valora más la relación histórica y cultural entre humanos y aves. En resumen, la ornitología literaria es el puente entre la ciencia natural y las humanidades, estudiando "las aves en el poema" tanto como en la naturaleza.

Althea Sherman (1853–1943): fue una ornitóloga, ilustradora y naturalista estadounidense autodidacta, reconocida por sus estudios pioneros sobre las aves, particularmente el vencejo de chimenea (Chaetura pelagica). En 1915 construyó una torre de madera de 28 pies (aproximadamente 8.5 metros) de altura en su propiedad en el National, condado de Clayton, Iowa, diseñada específicamente para observar el ciclo de vida de estas aves. La torre incluía un falso conducto de chimenea, una escalera interior y puertas/mirillas especiales que permitían a Sherman observar directamente el interior del nido sin perturbar a las aves.
 

Foto de la torre de madera que Althea Sherman mandó construir en su residencia. Ella aparece en el centro de la fotografía, su hermana Amelia, está a la derecha, y están acompañadas por un grupo de niños del vecindario en la pequeña aldea National, Iowa. La fotografía, probablemente fue tomada en 1923. Recuperado de: https://blog.aba.org/2013/04/a-tower-to-remember.html


 

Durante 18 años, documentó minuciosamente el comportamiento de anidación, incubación y alimentación de los vencejos, llenando más de 400 páginas de diarios de observación. Publicó más de 70 artículos en revistas científicas y ornitológicas, a pesar de las dificultades para publicar sus investigaciones más detalladas en vida.

Llamó a su granja familiar "Acre de aves", donde estudió 42 especies diferentes, llegando a tener 1,700 visitantes en su torre para 1932. Después de años de abandono, el proyecto de restauración de su torre, liderado por grupos como el Johnson County Songbird Project, ha permitido recuperar este hito científico. Althea Sherman también fue clave en la campaña para adoptar al jilguero americano como el ave estatal de Iowa.

Florence Augusta Merriam Bailey (1863–1948): Considerada una de las "primeras damas de la ornitología" en EE. UU., fue pionera en estudiar aves en la naturaleza. Escribió una de las primeras guías de aves, Birds Through an Opera Glass (1889) y fue la primera mujer miembro de la Unión Americana de Ornitología (AOU). Además de su invaluable experiencia científica, Florence Merriam Bailey fue reconocida por su activismo.

En esa época la ornitología tradicional se basaba en clasificaciones e identificaciones generales. A menudo, los científicos realizaban estas investigaciones utilizando las pieles de aves muertas, que generalmente se encontraban en colecciones privadas. Florence Merriam Bailey, en cambio, estaba mucho más interesada en estudiar el comportamiento y las costumbres de las aves, por lo que impulsó el estudio de aves vivas y se la considera la primera en proponer el uso de binoculares para la observación de aves, en lugar de los rifles de los cazadores.

A Bailey le horrorizaba la matanza de aves para usar sus plumas en la moda. Los sombreros de mujer adornados con plumas de ave estaban especialmente de moda. Impulsada a denunciar esta matanza, escribió con vehemencia contra la práctica de decorar sombreros de esa manera, y finalmente se aprobaron leyes que la prohibían. Quería frenar esta tendencia, que mataba a unos cinco millones de aves al año. Su solución fue animar a la gente a salir a admirar las aves vivas mediante la observación de aves. “No hablaremos mucho de los sombreros”, declaró. “Llevaremos a las chicas al campo y dejaremos que se familiaricen con las aves. Entonces, por necesidad innata, nunca más volverán a usar plumas”.
 

Sombrero, de la Diseñadora: Sra. Pauline (estadounidense) 1915. Material: lana, plumas. Colección de vestuario del Museo de Brooklyn en el Museo Metropolitano de Arte, donación del Museo de Brooklyn, 2009; donación de la Sra. Frederic G. McMahon en memoria de sus abuelos, el Sr. y la Sra. Gilbert C. Halsted, 1975. Tomado de: https://www.metmuseum.org/art/collection/search/156977


 

Bailey desarrolló un interés temprano por las aves, pero cuando ingresó en el Smith College en 1882, descubrió que la mayoría de los ornitólogos tenían poco interés en el comportamiento de las aves. En cambio, estudiaban aves que habían sido cazadas, despellejadas y montadas para colecciones privadas o de museos. Bailey propuso que los naturalistas aprendieran a observar las aves vivas en sus hábitats. Recomendó unos prismáticos de ópera para que los observadores de aves pudieran ver los detalles.
 

Entre el siglo XVIII y principios del XX, la única forma válida de estudiar las aves era la ornitología de museo, y los que allí trabajaban se reían y despreciaban a los ornitólogos de campo como Selous. Esta pintura de Henry Marks, de1873, se titula La Ciencia es medición. Tomado de: La sabiduría de las aves. Una historia ilustrada de la ornitología. Tim Birkhead.


 

En 1889, a los 26 años publicó Birds Through an Opera Glass (“Aves a través de unos prismáticos”). Fue la primera guía de campo moderna para la observación de aves: una guía ilustrada para reconocer 70 especies comunes en su hábitat natural, escrita para aficionados y jóvenes.

Fue una obra fundamental para el movimiento de conservación de aves, promoviendo la apreciación de la naturaleza sin destruirla. Su método de observar aves con aumento sentó las bases de la observación de aves moderna, que aún hoy utiliza binoculares. Su libro también fue inusual porque publicó con su propio nombre, una práctica poco común en aquella época.

Su pasión la motivó a fundar la Sociedad Audubon del Distrito de Columbia, una organización dedicada a la conservación de las aves. Hoy en día, la ornitología se centra principalmente en el estudio de aves vivas, en lugar de aves muertas, gracias en gran medida a Florence Merriam Bailey.


Harriet Hemenway (1858- 1960) y Minna Hall (1859-1951): Fueron primas y destacadas activistas ambientales de Boston conocidas por fundar la Massachusetts Audubon Society en 1896. Utilizaron su influencia social para frenar la matanza masiva de aves para adornar sombreros, iniciando un movimiento crucial de conservación liderado por mujeres.

Su trabajo pionero y su enfoque han sido analizados y contextualizados en la historia de la ornitología, señalando ciertos aspectos: al ser mujeres de la alta sociedad de Boston (Brahmins de Boston), sus esfuerzos iniciales se centraron en convencer a sus pares de la élite mediante "tés de la tarde". Esto podría percibirse como un enfoque limitado o inicialmente elitista, aunque fue efectivo para cambiar rápidamente la moda de los sombreros. Enfrentaron una enorme oposición de la industria de la sombrerería (millinery trade) y, a veces, la burla de otras mujeres de clase alta que se resistían a dejar de usar sombreros con plumas de aves, las cuales veían como un símbolo de estatus.
 

Desfile de Pascua, Ciudad de Nueva York, 1911. Cortesía de la Biblioteca del Congreso. Tomado de: https://www.thefrickpittsburgh.org/Story-Crimes-of-Fashion-Gilded-Age-Millinery-and-the-Plight-of-Birds


 

En esa época, la obtención de plumas para la industria de la sombrerería de plumas finas era un proceso global. Producir suficientes aves para satisfacer la demanda implicaba grandes expediciones de caza, durante las cuales se capturaban cientos de aves a la vez. Los cazadores de Sudamérica, África y Asia dependían del conocimiento de los nativos para encontrar sus presas. Las aves eran abatidas con flechas sin filo para no dañar las plumas, y luego las pieles obtenidas se ahumaban para conservarlas antes de enviarlas al mercado.

En muchas especies, solo se cazaban los machos para el comercio, ya que sus plumas suelen ser más coloridas y vistosas; los ejemplos más destacados son los faisanes y las aves del paraíso machos, muy codiciados por las texturas y colores inusuales de sus plumas. Sin embargo, en algunas especies, la coloración de machos y hembras es idéntica, por lo que ambos sexos fueron cazados intensivamente, lo que provocó la casi extinción de la garza blanca y la garceta nívea. Algunas especies, como la cotorra de Carolina —la única especie de loro autóctona de Estados Unidos—, finalmente no sobrevivieron a la moda de las plumas de fantasía.

Una vez recolectadas en la naturaleza, las plumas de las aves eran procesadas por los sombrereros utilizando lejía y otros productos químicos agresivos para evitar su descomposición. Si un ave no se iba a usar entera en la parte superior de un sombrero, se dividía en trozos más pequeños. Un adorno popular era la aigrette, o conjunto de plumas en forma de abanico. Un solo adorno de sombrero podía representar las plumas de dos o más aves.

Las plumas y las pieles solían teñirse para que combinaran con la tela de los sombreros y vestidos, siendo el negro el color más utilizado para crear accesorios apropiados para los períodos de luto, durante los cuales las mujeres no usaban colores durante meses o incluso años.
 

Este sombrero, que data de la década de 1890 aproximadamente y que luce un cuervo americano o un cuervo pescador entero, perteneció a la Sra. Frick y probablemente lo usaba durante períodos de duelo parcial. Tomado de: https://www.thefrickpittsburgh.org/Story-Crimes-of-Fashion-Gilded-Age-Millinery-and-the-Plight-of-Birds


 

Los grandes sombreros de plumas se convirtieron en un microcosmos del exceso de la Edad Dorada. Representaban simultáneamente las ideas de consumo ostentoso, exhibiciones de riqueza y la dominación del hombre sobre la naturaleza. El símbolo por excelencia del derroche y la naturaleza destructiva de la industria es quizás el hecho de que, en su fatídico viaje inaugural, la carga más valiosa a bordo del Titanic eran más de 40 cajas de plumas destinadas a sombrererías de Nueva York. Las cajas estaban aseguradas por más de 2,3 millones de dólares actuales. En aquel entonces, solo los diamantes eran más valiosos por libra.

La creciente destrucción causada por la industria se convirtió en el objetivo del activismo popular impulsado por algunas de las mismas consumidoras que habían contribuido al éxito del comercio: mujeres adineradas. En 1896, la socialité Harriet Lawrence Hemenway y su prima Minna B. Hall fundaron lo que se convertiría en la Sociedad Audubon de Massachusetts organizando fiestas de té en sus casas, durante las cuales animaban a sus compañeras a dejar de usar sombreros de plumas. La organización creció hasta convertirse en la red de delegaciones locales que hoy conocemos como la Sociedad Nacional Audubon. Fue el primer esfuerzo formal en Estados Unidos para involucrar a ciudadanos comunes en actividades de protección de aves.

Para dar credibilidad a su movimiento, tuvieron que buscar el apoyo de ornitólogos hombres, como William Brewster, ya que las opiniones de las mujeres en temas científicos eran a menudo desestimadas en esa época. A pesar de su liderazgo, en muchos registros históricos las mujeres han sido borradas o minimizadas, atribuyéndose los logros a los hombres que contrataron para el consejo de la Sociedad, una crítica más amplia a la historia de la ornitología que a ellas mismas.

Se ha debatido la asociación con John James Audubon, quien, a pesar de ser un artista de aves, fue esclavista. La Audubon Society, fundada por ellas, está hoy en día revisando esta parte de su legado.

No obstante, dichas críticas, lograron detener la matanza de millones de aves acuáticas al boicotear los sombreros de plumas. Impulsaron la legislación que culminó en la Ley del Tratado de Aves Migratorias de 1918. Fundaron la Massachusetts Audubon Society (Mass Audubon), la primera organización de este tipo en EE.UU.
 

Mujeres destacadas en la recolección de especímenes

En los inicios del siglo XX, la colecta de especímenes mediante la caza era el método estándar para el estudio taxonómico. En esta época existieron mujeres que al igual que los hombres, participaron activamente en la caza y recolección de animales con fines científicos o artísticos; aunque sus historias a menudo se mueven entre el reconocimiento institucional y la invisibilidad histórica. Entre estas se destacan las siguientes:

Martha Maxwell (1831-1881): Conocida como la "Cazadora de Colorado". Fue una naturalista y taxidermista que cazaba ella misma sus ejemplares. Destacó por crear dioramas realistas (animales en sus hábitats naturales), una técnica innovadora para su tiempo. Expuso cientos de sus animales montados en la Exposición del Centenario de 1876 en Filadelfia, recibiendo gran fama, pero pocas ganancias económicas directas.

Elizabeth L. Kerr (1857-1936): fue una naturalista estadounidense pionera, reconocida como la primera mujer en recolectar sistemáticamente aves y mamíferos en Colombia para el Museo Americano de Historia Natural. Reunió cientos de especímenes (más de 400-600 según fuentes) en zonas como el Valle del Magdalena y el Chocó, destacando la recolección del holotipo del Tinamú del Chocó. Fue una de las primeras mujeres en realizar expediciones ornitológicas de campo en solitario a principios del siglo XX, desafiando las limitaciones de género de la época.

Recolectó un gran número de especímenes que ayudaron a documentar la biodiversidad de Colombia, contribuyendo al catálogo del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. Sus expediciones en áreas como el Valle del Magdalena y el Chocó dejaron una base de datos fundamental, la cual fue "redescubierta" y homenajeada recientemente por ornitólogas colombianas. Su trabajo estuvo invisibilizado durante décadas hasta que un equipo de científicas colombianas rescató su historia, destacando la importancia de su labor en los estudios de la avifauna colombiana.

La labor de Elizabeth L. Kerr no suele recibir las mismas críticas éticas (respecto a la cacería de aves) que los naturalistas hombres de su época, debido a que el análisis actual se enfoca en su invisibilización histórica y en el mérito de haber sido una mujer autónoma en un campo excluyente.

Aunque no se le critica la cacería de la misma forma, algunos estudios señalan otros aspectos problemáticos. En sus cartas y notas de campo, depositadas en los archivos del Museo Americano de Historia Natural (AMNH) se han identificado términos racistas hacia los pueblos indígenas y un trato instrumental y en ocasiones despectivo hacia los cargadores y guías locales (humanos), replicando la jerarquía de poder racial y de clase del hombre blanco. Lo que refleja el sistema colonial de las expediciones de la época. Y al igual que otros naturalistas extranjeros, Kerr solía omitir el conocimiento tradicional de las comunidades locales en sus reportes.

En una página de obituarios encontramos su acta de defunción:
(https://es.findagrave.com/memorial/229680344/elizabeth_kerr), en la cual se señala lo siguiente: La Sra. Elizabeth Lee Kerr llegó a Colombia en 1900. Se cree que sus pocas pertenencias personales carecen de valor comercial. Durante varios años, recibió el apoyo económico de residentes estadounidenses y británicos. En su acta de defunción se señala como causa de fallecimiento: Senilidad y neumonía.

Y en el epílogo de la biografía de Jasper Newton Matheny se indica lo siguiente: “Cuando ella (Elizabeth) escribió sus memorias en 1931, vivía en Cartagena, Colombia. Tenía casi ochenta años cuando realizó un viaje a la selva para recolectar especímenes y regresó a casa con una fiebre mortal. Presumiblemente, está enterrada allí, en Cartagena”.

Annie Montague Alexander (1867-1950): Fue una prolífica recolectora y filántropa. Utilizó su fortuna familiar (del azúcar en Hawái) para financiar y liderar expediciones por Alaska y el oeste de EE. UU., acumulando más de 20,000 especímenes de aves, mamíferos y fósiles. Fundó el Museo de Zoología de Vertebrados en la Universidad de California, Berkeley, garantizando así un reconocimiento institucional duradero.

Las mujeres que, como Annie Alexander, eran ricas, solían recibir más "reconocimiento" como mecenas o fundadoras, mientras que mujeres de clase media como Kerr dependían de la venta directa de pieles a museos para sobrevivir.

Annie Alexander fue tan influyente que varias especies e incluso un género de lagarto extinto (Anniealexandria) llevan su nombre, un nivel de reconocimiento que Kerr nunca alcanzó en vida.

Evelyn Vida Baxter (1879-1959) y Leonora Jeffrey Rintoul (1879-1953): En Escocia, estas dos mujeres acaudaladas recolectaron cerca de 1,200 pieles de aves mediante la caza para estudiar patrones de migración y plumaje. Sus colecciones fueron fundamentales para los museos nacionales de Escocia. Ambas fueron pioneras en el estudio de la migración de aves en escocia, cofundadoras del Club Escocés de Ornitólogos (SOC) y publicaron obras clave como The Birds of Scotland (1953).

Se señala que ellas mismas cazaron la mayoría de los ejemplares; y se justifica que en esa época (finales del siglo XIX y principios del XX), disparar a las aves era la única forma aceptada científicamente para identificar especies con precisión y estudiar sus plumajes detalladamente. Ambas eran tiradoras expertas. Pasaron 26 años visitando la Isla de May cada primavera y otoño, donde a menudo utilizaban armas de fuego para obtener especímenes de aves raras o difíciles de identificar visualmente.

Se documenta que no todos los ejemplares fueron producto de la caza; que los encargados de los faros escoceses, especialmente el de la Isla de May, recuperaban aves que morían al chocar contra los cristales de las linternas (atraídas por la luz) y se las enviaban a las "buenas damas" (como les llamaban a Baxter y Rintoul en los círculos ornitológicos) para su estudio.

Su colección fue fundamental para demostrar que los vientos del este traían aves migratorias a Escocia, una teoría que en su momento fue revolucionaria.

Hoy en día, esta colección completa se conserva en los Museos Nacionales de Escocia (NMS), donde sigue siendo una fuente valiosa para estudios comparativos de ADN y cambios en el plumaje a lo largo del tiempo

Annie Meinertzhagen (1889-1928): Fue una experta tiradora y recolectora que cazaba y preparaba sus propias aves. Su conocimiento era tan respetado que fue invitada a coescribir el influyente Handbook of British Birds, una de las autoridades estándar de la época.

A pesar de su arduo trabajo de campo, muchas de estas recolectoras eran acreditadas en los museos simplemente como "donantes" o asistentes, y sus nombres rara vez aparecían en las etiquetas de los especímenes tanto como los de los hombres que las contrataban.

Se señala que, para estas mujeres la caza no era por deporte, sino validez científica. En esa época, si no se tenía el cadáver (el “especímen tipo”), la especie no “existía” oficialmente para la ciencia. Por lo que estas mujeres debían ser expertas taxidermistas. Debían abrir el cuerpo del animal, retirar vísceras, tratar la piel con arsénico y rellenarlo para que sobreviviera viajes de meses en barco. Recibir el crédito taxonómico era la máxima ganancia. Si un científico de un museo nombraba a una especie en honor a la recolectora, su nombre quedaba inmortalizado en el registro biológico mundial.

Los museos pagaban por “series”. No querían un solo pájaro; querían 20 de la misma especie para comparar diferencias de sexo y edad. Esto obligaba a las recolectoras a realizar matanzas masivas para asegurar un pago que financiara su próxima expedición.

Se argumenta que cuando una especie se volvía rara debido a la caza para moda, los museos entraban en pánico. En lugar de protegerlas, enviaban a recolectoras para que cazaran las “últimas” y así tenerlas en sus colecciones antes de que se extinguieran. Era una lógica perversa: matar para conservar el cadáver.

Un ejemplo de lo anterior, fue la Garza Real, que unió a las mujeres ambientalistas contra las recolectoras cazadoras. El objetivo fue los egrets o garcetas que tienen plumas largas y delicadas que solo crecen durante la época de reproducción. Para obtener las plumas en su mejor estado, los cazadores disparaban a las madres en los nidos. Al morir los adultos, miles de polluelos morían de hambre, lo que aniquilaba poblaciones enteras en una sola temporada. En estados como Florida, las poblaciones casi desaparecieron.

Frances Hamerstrom (1908–1988): Conocida como la "primera dama de la ornitología de Wisconsin", estudió aves silvestres durante más de 50 años y fue una prolífica escritora científica. Se dice que fue una cazadora activa y una observadora de campo pionera. Su vida fue una combinación única de ciencia académica y habilidades tradicionales de supervivencia.

Era una experta tiradora y cazadora. Incluso escribió sus memorias bajo el título: “Is She Coming Too?: Memoirs of a Lady Hunter” (1989) (¿“Ella también viene?: Memorias de una cazadora”), donde detalla sus expediciones de caza junto a su esposo. Además, fue una cetrera licenciada que utilizaba aves de presa para cazar desde muy joven.

Fue la única mujer en obtener una maestría bajo la tutoría de Aldo Leopold, el padre de la gestión de la vida silvestre. Pasó décadas en los pastizales de Wisconsin observando el ritual de apareamiento de los gallos de las praderas para salvarlos de la extinción.

Durante más de 25 años, realizó estudios de campo sobre el aguilucho norteño y otras aves de presa, combinando la observación meticulosa con el anillamiento de miles de ejemplares. Hamerstrom no veía contradicción entre la caza y la conservación; de hecho, defendía que el conocimiento profundo de los animales que otorga la caza era vital para entender y proteger sus hábitats.
 

Movimiento contra la matanza de aves

A finales del siglo XIX surgió un movimiento contra la matanza de aves para la moda (sombreros). Esto llevó a una división: mientras unas mujeres seguían matando para la ciencia, otras impulsaron el estudio de animales vivos y la conservación.
 

Ilustración de la revista Puck, 1911. "La mujer detrás del arma". Cortesía de la Biblioteca del Congreso. Tomado de: https://www.thefrickpittsburgh.org/Story-Crimes-of-Fashion-Gilded-Age-Millinery-and-the-Plight-of-Birds


 

El conflicto era de clase y propósito. Mientras las recolectoras (cazadoras) solían ser trabajadoras o científicas que buscaban respeto en un mundo de hombres (el museo), las ambientalistas solían ser mujeres acomodadas que usaban su influencia política para detener lo que consideraban una crueldad innecesaria.

El movimiento liderado por mujeres como Harriet Hemenway (la contraparte de las cazadoras) usó tácticas de choque: convencieron a las mujeres de la alta sociedad que usar plumas era “vulgar” y “cruel”. Lograron la Ley Lacey (1900) y el Tratado de Aves Migratorias, que prohibieron el comercio de plumas. Los museos dejaron de comprar “series” masivas de pieles a recolectoras independientes, lo que terminó asfixiando económicamente el oficio.

A finales del siglo XIX, la moda y la ciencia se alimentaron mutuamente en una carrera que llevó a varias especies a la desaparición total. Mientras las mujeres usaban aves enteras sobre sus cabezas, las recolectoras científicas se apresuraban a cazar los últimos ejemplares para “preservarlos” en cajones de museos.
 


 

Observación de campo

Margaret Morse Nice (1883–1974): Ornitóloga autodidacta pionera en el estudio detallado del comportamiento de las aves (etología). Su estudio intensivo de los gorriones cantores revolucionó la forma en que se investiga el comportamiento animal.

Len Howard (1894-1973): Música y naturalista británica que convivió con aves en su hábitat, observando su comportamiento detalladamente y publicando sus hallazgos, desafiando las convenciones científicas de su época.

Phoebe Snetsinger (1931–1999): Famosa por ser la primera persona en documentar más de 8,000 especies de aves en todo el mundo, lo que representaba aproximadamente el 85% de las especies conocidas en ese momento. En 1994, el Libro Guinness de los Récords la nombró la principal observadora de aves del mundo.

Se señala que, a pesar de un diagnóstico de cáncer terminal, dedicó sus últimos años a viajar y documentar meticulosamente la avifauna mundial, desafiando peligros físicos. En lugar de someterse a tratamientos intensivos, decidió dedicar su tiempo a la observación de aves (birding), viajando por todo el mundo.

Viajó a áreas remotas, defendió la protección del medio ambiente e infinidad de lugares e incursionó en zonas donde las condiciones políticas no eran las más apropiadas para desarrollar su afición.

Su pasión se convirtió en una obsesión que la llevó a los rincones más remotos y peligrosos del planeta. Sobrevivió a naufragios, malaria, fracturas e incluso a un ataque violento en Papúa Nueva Guinea: fue víctima de un violento secuestro y una violación grupal por parte de hombres armados con machetes, pero nada la detuvo. También viajó a regiones de Colombia en momentos de alta actividad de guerrillas y grupos armados para localizar aves que no se encontraban en ningún otro lugar del mundo.

Irónicamente, no murió de cáncer, sino por un accidente de tráfico mientras observaba aves en Madagascar 18 años después. Se señala que acababa de ver al vanga de hombros rojos, una especie rarísima que fue su avistamiento número 8,398. Al momento de su muerte, poseía el récord mundial de más especies de aves avistadas por una sola persona
 


 

Foto vanga de hombros rojos. Tomado de: https://en.wikipedia.org/wiki/Red-shouldered_vanga#/media/File:Red-shouldered_Vanga_(Calicalicus_rufocarpalis)_in_Madagascar.jpg


 

Durante esos 18 años, se convirtió en una de las observadoras de aves más prolíficas de la historia, registrando más de 8,300 especies y documentando su experiencia en su autobiografía Birding on Borrowed Time (“Pajareando en tiempo prestado”). Fue publicada originalmente en el año 2003.

Es importante destacar que se trata de una publicación póstuma, ya que su autora falleció en 1999. El libro fue editado por la American Birding Association (ABA) basándose en las memorias y registros de viaje que ella dejó escritos.

Se dice que su historia es increíble porque Phoebe Snetsinger pasó de ser una "ama de casa aburrida" a convertirse en la observadora de aves más exitosa del mundo, todo esto tras recibir una sentencia de muerte.

Su legado fue considerado tan grande que, en 2016, Google le dedicó un Doodle para conmemorar lo que habría sido su 85.º cumpleaños.
 

Es una imagen animada, diseñada por la animadora Juliana Chen, muestra a Snetsinger con sus binoculares y cinco de sus hallazgos más notables: la reinita de Blackburn, el vanga de hombros rojos, el tejedor de aldea, el azulejo oriental y el saltarín de gorra roja. Tomado de:https://searchengineland.com/phoebe-snetsinger-google-doodle-marks-famous-birders-85th-birthday-251482


 

Rosemary Grant (1936): Ornitóloga británica reconocida por su estudio de décadas sobre los pinzones de Galápagos junto a su marido, demostrando cómo los cambios en la ecología generan cambios evolutivos cuando las poblaciones de pinzones se ven sometidas a sequías severas y escasez de alimentos.
 

Contribuciones desde la filosofía y la divulgación científica

Vinciane Despret (1959): filósofa de la ciencia y etóloga belga, ha realizado aportaciones significativas al estudio de las aves, principalmente a través de su enfoque filosófico y observacional en el libro Habitar como un pájaro: Modos de hacer y pensar los territorios (2022).

Sus contribuciones desafían las concepciones tradicionales de la etología, proponiendo una visión más compleja, social y activa de las aves y su relación con el entorno. Critica la visión de que el territorio es simplemente una propiedad privada que los pájaros defienden agresivamente. En su lugar, propone que el territorio es un espacio social de interacción, a menudo construido a través del canto y la coexistencia con los "queridos enemigos" (vecinos). El canto no es solo un llamado de apareamiento o amenaza, sino una herramienta polifónica que crea y da forma al territorio. Describe los territorios como "partituras musicales" donde el sonido define los límites más que la agresión física.

Despret aboga por una observación que se interesa por la "singularidad" de cada ave, cuestionando las explicaciones deterministas que reducen el comportamiento animal solo a la supervivencia y la reproducción. Analiza el vínculo de las aves con su entorno y con los humanos, demostrando que los animales no son objetos pasivos, sino agentes que modifican la forma en que los científicos los estudian.

Crítica al antropocentrismo, cuestionando la tendencia a "humanizar" a los pájaros para entenderlos, invitando a respetarlos en su diferencia, reconociendo sus múltiples formas de habitar el mundo. Su trabajo utiliza una metodología que cruza la ciencia con la narración poética, enriqueciendo la comprensión de las aves más allá de la ornitología convencional.

Jennifer Ackerman (1959): es una destacada divulgadora científica y escritora estadounidense cuyas aportaciones al estudio de las aves se centran en la etología (comportamiento animal) y la divulgación de los últimos hallazgos sobre la inteligencia aviar. Aunque no es bióloga de formación, sus libros se basan en una sólida investigación bibliográfica y en el trabajo de campo de ornitólogos de todo el mundo.

Sus principales aportaciones se resumen en la divulgación de la "revolución" en la comprensión de las aves durante el siglo XXI. Derriba el mito del "cerebro de chorlito". En su libro The Genius of Birds (“El ingenio de los pájaros”), detalla cómo las aves poseen capacidades cognitivas complejas, como la resolución de problemas, el uso y fabricación de herramientas (como los cuervos de Nueva Caledonia), la memoria espacial, el reconocimiento facial e incluso la capacidad de contar.

En su libro The Bird Way explora la diversidad de comportamientos aviares, demostrando que no hay una única manera de ser ave, sino una asombrosa variedad en cómo se comunican, trabajan, juegan, aman y crían. Explica que, a pesar de su pequeño tamaño, los cerebros de algunas aves (especialmente paseriformes y loros) tienen una alta densidad neuronal, similar a la de los primates, lo que explica su inteligencia.

Ha documentado las complejas vidas de especies como los pergoleros (bowerbirds) y sus elaboradas estructuras, o la capacidad de las aves migratorias para navegar. En su obra más reciente What an Owl Knows: The New Science of the World's Most Enigmatic Birds (2024), investiga la ciencia detrás de los búhos, revelando cómo usan sus sentidos, cómo se comunican mediante complejos duetos y cómo cazan.

Entre sus principales obras de divulgación se encuentran: El ingenio de los pájaros (The Genius of Birds, 2016); La conducta de los pájaros (The Bird Way, 2020); La sabiduría de los búhos (What an Owl Knows, 2024). Sus obras han sido fundamentales para acercar la ornitología al público general y cambiar la percepción pública sobre la sofisticación mental de las aves.

Seguramente existieron (y existen en la actualidad), muchísimas más mujeres que han destacado por su capacidad de observar, estudiar y documentar el mundo de las aves. Y no solo documentar sus hallazgos, sino que han contribuido a cambiar las leyes para su protección, abriendo camino para las futuras generaciones de ornitólogas y ornitólogos.

El presente trabajo, no pretende ser una revisión exhaustiva, es una exploración de la información disponible a la cual tuvimos acceso (textos de divulgación científica, filosofía, literatura, sitios web: documentos electrónicos, blogs, IA, etc.), y los recursos personales disponibles (escasos) para llevar a cabo este arduo trabajo: por la gran cantidad de tiempo invertido (no remunerado).



Reflexiones

Desde una mirada crítica, consideramos que la Historia en el estudio de las Aves ha atravesado varias etapas, no siempre benignas; con sesgos de clase, raza, y género. Desde una posición antropocéntrica y patriarcal tratando a las aves como objeto de explotación con la cacería y la disecación para observarlas en museos, o como adornos en la industria de la moda. Desde la religión utilizarlas como “modelo de comportamiento moral” para imponerlo a los humanos. En la ciencia, para experimentación en laboratorios con sesgos machistas y religiosos, lo cual ha conducido al exterminio de innumerables poblaciones de aves.

Estudios han mostrado que la investigación ornitológica se ha centrado en los machos, y persisten sesgos donde incluso en colecciones de museos, las hembras están subrepresentadas. En los libros y guías de ornitología también se suele representar en descripciones y fotografías al macho y no a la hembra.

Desafortunadamente, la cultura patriarcal y capitalista que padecemos, resalta a figuras polémicas como las que hemos visto en esta revisión, cometiendo errores graves. Antropocentrismo: se asume que el avance del conocimiento humano justifica la aniquilación de otras especies, pero queda oculto que muchas de las investigaciones que se realizaron no eran éticas y seguían más bien impulsos prejuiciosos de los científicos. Elitismo: En el caso de los y las cazadoras, se ignora que su "heroísmo" dependía directamente de la explotación de personas de clases bajas o comunidades indígenas, quienes hacían el trabajo pesado bajo condiciones de riesgo.

Desde una perspectiva decolonial actual, se señala que la ciencia de los siglos XIX y XX no fue un acto de curiosidad pura, sino una herramienta de poder que deshumanizó a las personas y despojó a la naturaleza de su valor intrínseco para convertirla en inventario. Las críticas decoloniales se centran en tres pilares de violencia estructural:

El Extractivismo Epistémico. Monopolio del saber: La "ciencia colonial" se autoproclamó como la única forma de conocimiento verdadera, calificando los saberes indígenas como "supersticiones" o "folclore".

Invisibilización de guías: Los naturalistas dependían totalmente de guías locales para sobrevivir y encontrar especies, pero en los reportes finales estos colaboradores suelen aparecer solo como "cargadores" o "nativos", robándoles el crédito intelectual de sus hallazgos.

El Antropocentrismo y el "derecho a matar": La ideología moderna/colonial instauró la idea de que la naturaleza está al servicio del hombre (y de la ciencia). Esto justificó que individuos de clase privilegiada sacrificaran miles de animales solo para tener una colección completa en museos de Londres o Nueva York.

Los museos de historia natural han "blanqueado" su pasado, ignorando que muchas de sus colecciones iniciales se transportaron en barcos de esclavos o fueron producto de incursiones violentas en territorios ocupados. Además, se señala que las y los cazadores mostraban un desprecio por lo local; en sus cartas a menudo expresaban prejuicios racistas contra las comunidades que los hospedaban, viéndolos como obstáculos o herramientas, no como iguales.

No obstante, se argumenta que la biología moderna, busca alejarse del modelo de "recolectar y matar" que practicaban los cazadores para pasar a métodos que respetan la integridad de los seres vivos. Por ejemplo, con el monitoreo no invasivo: se usan cámaras y grabadoras de audio (bioacústica) que permite identificar especies sin tocar al animal. Proyectos de ciencia ciudadana y participativa que involucran a las comunidades locales no como “cargadores”, sino como coproductores de conocimiento. Esto democratiza el saber y respeta la relación espiritual de los pueblos con su territorio. Ética interespecies: se aplican criterios de bienestar animal que prohíben el sacrificio innecesario en la docencia e investigación, priorizando simulaciones y modelos digitales.

Priorizar el capital sobre los derechos humanos. Otro aspecto controversial y polémico es que, aunque la observación de aves ha dejado de ser una actividad estrictamente elitista para convertirse en un pasatiempo masivo y diverso (se muestra que, a partir de 2026, la tendencia global de esta actividad es más accesible que nunca, democratizada por la tecnología y un mayor interés en la naturaleza, a menudo impulsado por generaciones jóvenes); sin embargo, todavía mantiene componentes de lujo en su vertiente de turismo especializado.

Y, aunque es un grupo reducido de personas que pueden acceder a este tipo de actividad, tiene graves repercusiones en las comunidades que los reciben y atienden. Los viajes internacionales para observar especies endémicas (aviturismo de lujo) pueden ser muy costosos, atrayendo a un perfil de viajero con alto poder adquisitivo, lo que convierte a la actividad en una industria millonaria. Lo que ilustra cómo el sistema económico absorbe cualquier pasión humana para convertirla en un mercado. Lo que nació como una conexión orgánica con la naturaleza se ha transformado, en sus niveles más altos, en una maquinaria de consumo de alta precisión.

El sistema utiliza la “conservación” como un escudo moral. Se argumenta que el gasto del turista salva el bosque, pero a menudo una gran parte de esa ganancia se queda en operadoras internacionales y no llega a las comunidades locales que “protegen el recurso”. Aunque se promociona como una solución mágica para el desarrollo rural, a menudo replica estructuras de explotación y desplazamiento.

Inversionistas externos compran terrenos a precios bajos para construir lodges de lujo (refugios de lujo o cabañas de alta gama), desplazando a campesinos o comunidades locales. La llegada de turistas con alto poder adquisitivo eleva el precio de alimentos, servicios y transporte, haciendo que la vida sea impagable para quienes siempre han vivido ahí. Los puestos de alta dirección y los guías especializados suelen ser extranjeros o personas de la capital. Los locales suelen quedar relegados a labores de limpieza, cocina o mantenimiento, con salarios bajos y sin seguridad social estable.

En muchos destinos de aviturismo, hasta el 80% de los ingresos regresa a los países de origen a través de aerolíneas, agencias de viaje internacionales y hoteles de cadenas extranjeras. La comunidad solo recibe propinas o pagos mínimos por el uso de senderos, mientras el grueso de la ganancia se queda en el sistema financiero global.

Las tradiciones locales se “empaquetan” como un espectáculo para el turista, perdiendo su significado original. Las comunidades abandonan la agricultura de subsistencia para depender totalmente del flujo de turistas. Si hay una crisis (como una pandemia o inestabilidad política), la comunidad queda en la miseria total. El aumento de visitantes genera basura, demanda de agua y necesidad de energía que las comunidades rurales no pueden gestionar, dejando a los locales con la contaminación. Y al turista con la foto.

Se genera una paradoja donde la comunidad protege el bosque para que el extranjero lo disfrute, pero la comunidad misma no puede acceder a los beneficios económicos que ese disfrute genera a nivel global. El sistema a menudo utiliza la “preservación” como un pretexto para priorizar el capital sobre los derechos humanos. Aunque se vende como un modelo sostenible, en la práctica ha generado crisis sociales y económicas críticas.

Un ejemplo de estos casos, es África, bajo el pretexto de crear santuarios de aves y vida silvestre prístinos (puro, inalterado) para el turista, se expulsa a las poblaciones que han habitado esas tierras por siglos. El gobierno ha intentado desplazar a miles de personas de sus tierras ancestrales en el Área de Conservación de Ngorongoro argumentando la necesidad de “proteger la naturaleza”. En realidad, el objetivo es maximizar ingresos por turismo de lujo y safaris. Las comunidades pierden acceso a sus fuentes de agua y pastoreo, convirtiéndose en “criminales” en su propio hogar por practicar sus modos de vida tradicionales.

En destinos populares de aviturismo en países como Costa Rica, Colombia o México, la llegada de observadores con alto poder adquisitivo transforma la economía local de forma agresiva. El valor de la tierra sube tanto que los jóvenes locales no pueden comprar casa en su propia comunidad, viéndose obligados a migrar. La economía local abandona la agricultura para servir al turista. Esto crea una dependencia peligrosa: si el flujo de turistas cae (como ocurrió en la pandemia), las comunidades quedan sin comida y sin ingresos.

Y aunque el observador de aves cree que no impacta, la infraestructura necesaria para su comodidad daña el ecosistema del que dependen los locales. La construcción de carreteras para que los turistas lleguen cómodamente causa miles de atropellamientos de fauna. En Monteverde (Costa Rica), se registraron más de 300 animales atropellados en pocos años. El avance de hoteles y servicios degrada el entorno natural, afectando la disponibilidad de recursos para la gente local.

En resumen, para las comunidades locales, este modelo suele significar que ellas aportan la tierra y el esfuerzo de protección, pero el sistema capitalista internacional (y local) es el que cosecha las ganancias, dejándoles a ellos la inflación, el desplazamiento y la pérdida de su soberanía territorial.
 
 

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